Trump y el verdadero poder que la OPEP ya no tiene
La OPEP perdió el control. Trump se quedó con la llave.
En la segunda mitad del siglo XX, la OPEP impuso el ritmo del mercado petrolero mundial. Desde su fundación en 1960 hasta el Embargo Petrolero de 1973, dictó precios que revolucionaron economías y pusieron de rodillas a países desarrollados.
Pero hoy todo eso cambió. La producción de lutita estadounidense, fruto de complejas técnicas como la fracturación horizontal, disparó la extracción local desde 5 a 13 millones de barriles diarios en solo diez años. De importador neto, EE.UU. pasó a ser el primer productor mundial, desplazando a la OPEP de su trono.
Los intentos de la OPEP por mantener precios vía cuotas de producción fracasan cada vez más. Su influencia cedió del 60% al 40% del mercado, dependiente ahora del extraño pero inestable bloque OPEP PLUS, donde Rusia juega un rol clave.
Mientras los países OPEP discuten horas para acordar cuotas que no todos cumplen, Trump impone cambios estratégicos radiales sin necesidad de negociaciones interminables. Sus sanciones y permisos selectivos modifican volúmenes de crudo iraní, venezolano o ruso de la noche a la mañana.
¿El resultado? Trump maneja su propio mercado petrolero paralelo a la OPEP, con la velocidad y contundencia que la organización no tiene.
¿Por qué esto importa para Venezuela?
- El petróleo es el motor vital de la economía nacional.
- Perder control del mercado significa ceder soberanía y desarrollo.
- La geopolítica petrolera dicta inflación, inversión y estabilidad.
- La falta de estrategia propia nos hace vulnerables a decisiones externas.
Esta realidad obliga a rediseñar urgentemente nuestra política energética. No es opción entregar las llaves del negocio más estratégico del país. Es hora de recuperar el control soberano del petróleo. Lo contrario, es dejar el desarrollo nacional en manos ajenas.