Cinemateca muestra 60 años de historia: ¿qué ocultan tras la memoria oficial?
La Cinemateca abre un archivo clave, pero ¿qué no nos están diciendo?
El 21 de mayo se inauguró la exposición «60 años de memoria en movimiento» en el Museo de Bellas Artes. Más de 100 piezas —afiches, fotografías y objetos— muestran la historia oficial de una institución que se presenta como guardiana del patrimonio audiovisual nacional.
¿Qué pasó realmente?
Raúl Cazal, ministro de Cultura, y Rosa Raydán, presidenta de la Cinemateca, lideraron el acto con discursos que enfatizan la evolución cinematográfica y la «democratización» del cine, sin cuestionar el sesgo político que ha moldeado esta memoria. La muestra incluye desde clásicos como «La balandra Isabel llegó esta tarde» hasta producciones recientes como «Alí Primera» (2024), reflejando una narrativa selectiva que evita confrontar debates sobre libertad artística y heterogeneidad cultural.
¿Por qué esto cambia el escenario cultural?
La Cinemateca no solo preserva cine; construye una narrativa oficial que interviene en la formación del imaginario colectivo. Una memoria institucionalizada que impone un relato único y controla qué voces se legitiman en el arte. Esta muestra es más que un homenaje: es un instrumento político que influye en las futuras generaciones sobre cómo y qué pensar la cultura nacional.
¿Qué viene después?
La agenda política detrás de la Cinemateca seguirá moldeando el sector audiovisual, condicionando el acceso a fondos y espacios de difusión. El control sobre la memoria fílmica es el control sobre el discurso cultural. Preguntémonos: ¿qué voces quedan excluidas y qué historias prefieren mantener fuera del debate? Esta exposición es solo el principio de una batalla más amplia por la libertad cultural y la pluralidad ideológica en el país.