Venezuela expulsa a su líder más popular: ¿Ignorar a la mayoría?

El oficialismo vuelve a cerrar puertas a María Corina Machado

Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, calificó a Machado de «violenta» y «borbónica», sin aclarar si sería detenida si regresa. Pero la pregunta no es esa: ¿por qué se sigue ignorando a la líder que casi 7 de cada 10 venezolanos apoyan?

Exclusión política que choca con la opinión pública

Excluir a Machado de cualquier proceso de transición es ir contra la mayoría del país. Sería como borrar a Raúl Alfonsín en Argentina o a Rómulo Betancourt tras la dictadura. Hoy, una encuesta de Meganálisis revela que el 68,9% votaría por ella si las elecciones fuesen ahora. Lejos quedan los candidatos de la cúpula oficialista, con menos del 5%.

Cuando solo se contraponen Machado y Rodríguez, ella suma un 83,1%, versus un 4,2% para el chavismo. Ni siquiera con otros opositores reconocidos el respaldo a Machado cae: 81,2% la prefiere frente a 0,9% de Enrique Márquez.

Esto cambia el tablero político venezolano

El rechazo a Machado representa un intento claro de eludir la opinión ciudadana. Los venezolanos no solo demandan cambios económicos, sino libertad política, respeto a la disidencia y fortalecimiento del sistema jurídico y medios independientes. Ignorar esta realidad es arriesgar la débil estabilidad que pueda alcanzarse.

El contraste con la percepción del presidente Trump también es revelador: 74,5% agradece su papel, pero 83,8% desaprueba el elogio que hace hacia Rodríguez. Esto evidencia un electorado que no confía en el actual poder ni en promesas vacías.

¿Qué se viene si se margina a la figura clave?

Sin María Corina y otros líderes con respaldo real, la transición será débil e ilegítima ante la población. Se abre un camino peligroso hacia la desconfianza institucional y el estancamiento económico. El Washington Post ya alertó sobre la desconfianza que genera esta incertidumbre en posibles inversionistas.

Incluir a los líderes con respaldo ciudadano es la única forma de avanzar hacia una transición genuina, con respeto a la democracia, libertad de expresión y transparencia. El país está en una encrucijada: seguir impulsando agendas que ignoran a la mayoría o apostar por un futuro donde la voz del pueblo tenga peso real.

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