Por qué Washington debe lanzar un Plan Venezuela antes de perder el control
Maduro cayó, pero Venezuela no está segura ni reconstruida
Más de tres meses después de la captura de Nicolás Maduro por EE.UU., hay un error grave: creer que el problema terminó con su aprehensión. El régimen, sus redes criminales y grupos armados siguen dominando calles y minas estratégicas. La estabilidad no llegará solo con tratados y contratos de petróleo.
Colombia mostró el camino: nada de atajos
Hace 30 años, Colombia era un Estado fallido, dominado por narcoterroristas. EE.UU. no improvisó: lanzó el Plan Colombia, con décadas de apoyo económico, militar y judicial, construyendo desde cero fuerzas de seguridad profesionales y un sistema judicial creíble.
El resultado fue una democracia estable. Pero para eso hubo inversión ininterrumpida, vigilancia interna en las fuerzas, respeto a la ley y una justicia capaz de combatir crimen organizado. La democracia se sostuvo en una institucionalidad restaurada, no en discursos vacíos ni elecciones aisladas.
Venezuela atraviesa su peor crisis institucional
A diferencia de Colombia en los 2000, Venezuela hoy ve cómo inteligencia, policías y militares entrenados para sostener una dictadura persisten sin cambiar. Grupos como el ELN controlan regiones clave de minería, saqueando recursos y manteniendo la violencia. Sin una transformación profunda, ni inversiones ni acuerdos atraen inversores reales ni pacifican a la población.
¿Qué debe hacer EE.UU. y sus socios?
- Implementar un “Plan Venezuela” con la experiencia colombiana como modelo.
- Diseñar un programa multianual para reclutar, depurar y capacitar policías venezolanos bajo mentoreo colombiano.
- Reestructurar los tribunales, fiscales y cárceles para restablecer justicia y reducir impunidad.
- Apoyar a las fuerzas armadas para eliminar grupos terroristas y mafias en zonas estratégicas.
Esto no es una misión rápida ni barata. Se necesitan entre 15 y 20 mil millones de dólares en una década, financiados en parte con reservas venezolanas congeladas internacionalmente. Sin compromiso firme y duradero, cualquier avance quedará a merced de maniobras políticas y corrupción.
Lo que está en juego
No es solo la democracia venezolana. Se trata de controlar el acceso a la mayor reserva petrolera del mundo y a minerales clave para la economía global, recursos que hoy amenazan caer en manos del ELN, Rusia o Irán. Dejar que siga la anarquía significa regalar a nuestros adversarios décadas de ventajas estratégicas.
¿Estados Unidos dejará que la ‘‘normalización diplomática y los negocios petroleros’’ sean la excusa para abandonar el verdadero desafío? La historia de Colombia demuestra que solo la inversión sólida, la paciencia y una estrategia integral pueden convertir una nación devastada en un socio estable y confiable.
El reloj corre. Si no se actúa ahora, Venezuela seguirá siendo un peligro para la región y para los intereses estadounidenses por mucho tiempo.