Venezuela: EE.UU. abandona sanciones, apuesta por control directo

EE.UU. cambia las reglas del juego en Venezuela

La exclusión de Venezuela de la lista de sanciones no es un gesto menor. Es un golpe estratégico, un reconocimiento silencioso a un régimen que Washington ya no busca derribar, sino administrar de cerca.

Lo que pasó

Hace tres meses la idea parecía improbable. Hoy, es una realidad: Estados Unidos deja de presionar desde afuera para asumir una operatoria directa en la transición que definen ellos. La Casa Blanca convierte la coerción en negociación.

Esta nueva fase arrancó cuando la justicia estadounidense pidió a las autoridades venezolanas—a pesar de su ilegitimidad—rendir cuentas por cargos de narcotráfico. Desde entonces, el régimen ha limpiado la imagen, reemplazado figuras clave y prometido cooperación binacional, abriendo sectores estratégicos a empresas estadounidenses, mientras impone vetos a competidores como China y Rusia.

Por qué esto cambia el escenario

  • Sanciones mantienen control económico, pero se abren puertas a intereses de EE.UU.
  • La embajada reabre para vigilar el cumplimiento, marcando una gestión directa.
  • La estabilidad es priorizada sobre la justicia, postergando exigencias de rendición de cuentas.
  • Los actores clave en el régimen permanecen a pesar de las contradicciones internas y presiones.

El secretario Marco Rubio lo ve como un avance para evitar crisis mayores. Pero Donald Trump sugiere que este modelo podría extenderse a otros países. ¿Un modelo basado en la legitimidad impuesta desde afuera, no en elecciones libres? Una pregunta que nadie responde.

Qué viene ahora

La transición está lejos de ser clara. No se trata solo de estabilidad; es una maniobra compleja que mezcla pragmatismo y concesiones morales. La cuestión no es si Venezuela se mantiene en pie, sino a qué precio y bajo qué condiciones.

El control directo de EE.UU. en Caracas puede prevenir una crisis inmediata, pero abre la pregunta fundamental: ¿puede forjarse una democracia real sobre una base de acuerdo con quienes la destruyeron? Hasta ahora, lo que vemos es complicidad disfrazada de realpolitik.

En Venezuela, nadie tiene la última palabra. La verdadera pregunta sigue en el aire: ¿quién decide realmente el futuro del país?

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