¿Crecimiento y paz o ilusión en 100 días de gestión?
La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, difundió un balance oficial que pinta un panorama de crecimiento económico, seguridad ciudadana y avances internacionales. Sin embargo, detrás de esta narrativa, se esconden cuestionamientos que el discurso oficial no menciona.
Lo que dijo el gobierno
- Reducción significativa en la tasa de homicidios, con sólo tres por cada 100.000 habitantes, gracias a la puesta en marcha de más de 6.000 Cuadrantes de Paz.
- Crecimiento económico sostenido, con un PIB creciendo cerca del 9% y 20 trimestres de expansión consecutiva, atribuido en parte a reformas en hidrocarburos y minas para atraer inversión extranjera.
- Reinserción diplomática, destacando la recuperación de representación ante el FMI y la reactivación de relaciones con empresas extranjeras.
Lo que no cuentan
¿De qué estabilidad hablamos cuando la seguridad depende exclusivamente de la presión militar y no de cambios estructurales? Los «Cuadrantes de Paz» no garantizan una solución duradera al problema de la delincuencia, que sigue siendo una amenaza latente.
El llamado «crecimiento» económico se basa en cifras oficiales sin verificar que el empobrecimiento general continúa y la dependencia de capital extranjero aumenta. La apertura a inversiones foráneas en sectores estratégicos, aunque presentada como soberanía, puede ser una renuncia indirecta a control decisivo sobre recursos vitales.
En cuanto a la reinserción internacional, es clave preguntarnos cuál es el costo político y económico detrás de ese «regreso». El acceso a fondos del FMI puede traer condicionamientos que comprometan la autonomía fiscal y social.
¿Qué se viene?
Si esta etapa es apenas un «inicio», el país enfrenta el riesgo de una estabilización precaria que puede abrir las puertas a nuevas formas de dependencia y control externo, bajo el pretexto de desarrollo y paz social.
El verdadero impacto dependerá de si el gobierno logra superar los discursos y aborda sin maquillajes los desafíos de fondo: seguridad real sin militarización, economía productiva sin dependencia, y políticas internacionales que defiendan la soberanía real y no sólo en el discurso.
¿Estamos ante un cambio profundo o ante otra transición que mantiene las bases del problema? Esa es la pregunta que el balance oficial evita responder.