Venezuela crece 2,51% sin petróleo: ¿qué ocultan las cifras oficiales?
Economía crece, pero petróleo no acompaña
La economía venezolana registró un aumento del 2,51 % en el primer trimestre, pero la actividad petrolera cayó 2,12 %. El dato suena bien, pero oculta riesgos centrales.
¿Qué está pasando realmente?
El sector no petrolero creció 3,11 %, según el Banco Central. ¿De dónde vienen estos números? Principalmente de actividades financieras, seguros y comercio que mostraron avances de doble dígito. Sin embargo, sectores vitales como la construcción se desplomaron 18,3 %, y electricidad y agua retrocedieron.
El sector público se contrajo, mientras que el privado hizo un leve repunte del 3,52 %. Todo esto en un contexto de reformas y supuesta apertura a la inversión privada impulsadas por Delcy Rodríguez, en medio de tensos acercamientos con Estados Unidos.
Lo que no dicen: protestas y sueldo de hambre
Entre los sectores que crecen, también renace el malestar social. Manifestaciones exigen mejoras salariales reales, pasadas por alto en los anuncios oficiales. El salario mínimo sigue siendo irrisorio: 24 centavos de dólar al mes. El aumento a 240 dólares anunciado es una suma de bonificaciones sin impacto real en el ingreso efectivo, que sigue devaluado y pagado en bolívares a tasas oficiales cuestionadas.
¿Qué implica este escenario?
El crecimiento aparente no refleja una economía robusta ni sostenible. La caída del petróleo —motor histórico— y la dependencia de sectores secundarios con incrementos inflados generan una imagen engañosa. La crisis salarial, la contracción en sectores básicos y la fragilidad institucional siguen siendo una amenaza persistente.
¿Qué viene para 2026?
El Banco Central y la ONU proyectan un crecimiento entre 7 % y 7,4 % para 2026, con un aumento esperado del 11,5 % en la producción petrolera. Sin embargo, la inflación también se proyecta en más del 271 %, lo que degrada cualquier ganancia en términos reales. La pregunta es si este crecimiento será suficiente para mejorar la calidad de vida o simplemente maquillará una situación crónica de precariedad y dependencia estatal.
La realidad muestra que sin reformas profundas y una recuperación real en el sector petrolero, las cifras seguirán siendo papel mojado para la población.