ULA sobrevive con menos de 1.000 dólares al mes: ¿fin de la universidad pública en Venezuela?
Una universidad esencial al borde del colapso
La Universidad de Los Andes (ULA), pilar de la educación en la región andina, opera hoy con un presupuesto inferior a 1.000 dólares mensuales. Así lo confirmó su rector, Mario Bonucci, denunciando un déficit que no solo obliga a sobrevivir, sino que pone en jaque el futuro mismo de la institución.
¿Qué está pasando con los recursos?
El Gobierno nacional asignó a la ULA apenas 500.000 bolívares para todo 2026, cuando debió haber transferido 162 millones. Estamos hablando de una universidad con 22.500 estudiantes, que recibe menos fondos de los que necesita para cubrir servicios básicos y mantenimiento. Esta brecha inmensa es una restricción directa a la educación, que nadie está señalando con la claridad necesaria.
¿Por qué esto cambia el escenario?
Esta crisis no solo es económica, es institucional. La escasez afecta la calidad académica y el acceso a servicios estudiantiles esenciales. Además, el aumento salarial impuesto por el gobierno interino de Delcy Rodríguez es solo una ficción: bonificaciones que no resuelven la precariedad laboral. El reclamo real por salarios dignos y la reinstitucionalización en la universidad claman por atención urgente.
¿Qué viene después?
Si esta política de abandono continúa, la ULA podría perder lo poco que aún representa en la educación venezolana. La convocatoria a elecciones internas con transparencia se vuelve un llamado a resistir y reestructurar la universidad en tiempos de crisis. Pero la pregunta que nadie responde es clara: ¿cuánto tiempo podrá una institución clave para el desarrollo nacional soportar esta desfinanciación sistemática?
La ULA abierta es mérito exclusivo de su personal, que mantiene en pie un gigante contra viento y marea. Pero este esfuerzo no puede reemplazar la voluntad política para salvar la educación superior en Venezuela.