Tras terremotos, la “unidad” que calla la gestión fallida del Estado

Oraciones en cadena, ¿pero dónde está la acción?

A siete días del terremoto que dejó más de 2.000 muertos en Venezuela, cientos de personas se concentraron en Maturín, Cumaná y otros puntos para realizar actos religiosos pidiendo por las víctimas y los sobrevivientes.

En Maturín, el evento «Monagas abraza a Venezuela en Oración y Esperanza» combinó misas con actividades simbólicas como encender velas y un llamado a no interpretar los desastres como castigos divinos. Mientras tanto, autoridades locales como la gobernadora de Sucre y el alcalde de Cumaná hicieron llamados a la unidad nacional y reconocieron el esfuerzo de equipos de seguridad en el rescate.

¿Una respuesta real o solo un espectáculo?

Este despliegue masivo de fe y solidaridad, lejos de ser una solución, oculta problemas estructurales claros: lentitud en rescates, falta de recursos adecuados y ausencia de planes claros para emergencias naturales. La invitación a la «unidad» entre oficialismo y oposición suena a un llamado a mantener un consenso que evita discutir las responsabilidades del Estado en prevención y atención efectiva.

¿Qué viene después?

  • Más actos simbólicos que intentan atenuar la crítica popular.
  • Las instituciones seguirán al límite sin un plan real para evitar muertes en futuros desastres.
  • Los venezolanos, atrapados en una narrativa oficial que prioriza el espectáculo emocional sobre soluciones concretas.

La pregunta que pocos se hacen: ¿hasta cuándo esconderán la incapacidad estatal detrás de rezos masivos y discursos políticos?

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