Tras el ataque del 3E, Fuerte Tiuna nunca olvidó y no perdonará a María Corina
Después del 3E, Fuerte Tiuna se blindó con miedo y control
El 3 de enero no fue un día cualquiera. Tras el ataque en Fuerte Tiuna, seis alcabalas blindaron el acceso a la instalación militar. El temor se instaló como escudo para evitar otro posible asalto norteamericano que sembrara caos y desestabilización.
Los civiles aún recuerdan las explosiones y el ruido de helicópteros, mientras que la ansiedad y el estrés se dispararon entre quienes habitan las urbanizaciones internas. Solo los militares en activo mantienen la postura de defensa, aunque Nicolás Maduro y Cilia Flores enfrentan cargos por narcoterrorismo en tribunales estadounidenses.
¿Qué cambió realmente?
El episodio mostró una vulnerabilidad inédita en las Fuerzas Armadas y un Estado que no controla completamente su territorio. El temor a un segundo ataque norteamericano expone la fragilidad táctica y política interna.
Pero hay algo más profundo: una línea roja no escrita ahora divide a los militares. Los fallecidos aquel día se convirtieron en un referente emocional y político; un peso para cualquier opositor que pretenda tomar el mando.
Lo que viene: un pulso abierto con la oposición
En la última tertulia en Fuerte Tiuna, soldados y civiles retirados dejaron claro que María Corina Machado, líder opositora, tiene trabas insalvables para ser aceptada dentro de la Fuerza Armada.
- Los muertos del 3E no serán olvidados ni perdonados.
- Su imagen como comandante en jefe no figurará en los patios militares.
- La Casa Blanca y el Departamento de Estado conocen y respetan ese rechazo porque limita maniobras políticas.
La discusión sobre la postura a seguir frente a los Estados Unidos divide las filas internas: algunos demandan independencia soberana, otros prefieren alinearse con Washington. Pero el consenso es claro: la memoria histórica del ataque es un obstáculo real para cualquier liderazgo opositor en el mando militar.
Fuerte Tiuna no solo es un cuartel, es una trinchera emocional y política
El poder en esa instalación es tan simbólico como estratégico. Las anécdotas de sus oficiales y sus mascotas reflejan la realidad: el control, la territorialidad y el dominio no se ceden con facilidad, ni siquiera en detalles mínimos como los perros que allí habitan.
El general responsable bromea con agregar una tercera mascota al trío actual, una alusión velada a la politización del espacio y el control absoluto dentro de sus dominios.
El mensaje es claro y firme:
La Fuerza Armada que resistió el ataque del 3E defiende no solo su territorio físico, sino su narrativa histórica. No habrá lugar ni perdón para quien represente ese trauma político y militar en las filas ni en el futuro Gobierno.