La ruta a La Grita: un peligro ignorado que pone vidas en riesgo
Viajar hacia La Grita es un riesgo que ningún conductor debería aceptar
A 85 kilómetros de San Cristóbal, la carretera Trasandina es un accidente anunciado para quienes se atreven a transitarla. Más allá del paisaje andino, una vía destruida convierte cada kilómetro en un peligro mortal.
¿Qué pasó?
Desde el arranque, la ruta parece aceptable. Pero apenas se pasa Palo Gordo comienza el deterioro: cráteres gigantes, barro, hundimientos y una desidia que las autoridades maquillan con limpiezas superficiales. Este tramo, inaugurado hace casi un siglo para unir los Andes, hoy apenas sobrevive con reparaciones parciales que no solucionan nada.
El problema escala rápidamente. En sectores como El Playón, la vía desaparece completamente. Tramos extensos de piedra suelta y barro son una bomba para los vehículos. Más adelante, en Cordero, hay más de 70 baches que obligan a maniobras peligrosas y desgastan el parque automotor.
¿Por qué esto cambia todo?
Este estado no es solo un problema de infraestructura. Es un freno a la economía regional, a la seguridad vial y a la movilidad diaria de miles de personas. Los camiones, buses y vehículos particulares deben bajar velocidad hasta el mínimo y los tiempos de viaje se extienden indefinidamente. La carretera está catalogada como falla activa, lo que aumenta el riesgo de derrumbes y accidentes graves.
La reparación integral lleva 25 años esperando. Mientras tanto, los mismos habitantes hacen milagros para mantener lo que queda, desafiando una agenda política que claramente no prioriza esta vía.
¿Qué viene después?
Si no hay una intervención urgente y profunda, el colapso será total. Más accidentes, parálisis en el transporte de mercancías y el aislamiento económico del Táchira andino serán la consecuencia. El clamor de comunidades, comerciantes y conductores es claro: exigir a las autoridades que dejen de lado la indiferencia y restauren esta arteria vital antes de que sea demasiado tarde.
Este es un problema que cuesta vidas y severas pérdidas económicas. ¿Hasta cuándo seguiremos permitiendo que la dejadez ponga en jaque a una región estratégica?