La farsa de la «Trumpsición» en Venezuela: el régimen enquistado sigue intacto
Un cambio que no es cambio
El anuncio oficial de la nueva era en Venezuela tras la salida de Nicolás Maduro y Cilia Flores parecía un punto de inflexión. La realidad es muy distinta: las viejas estructuras siguen firmes.
Lo que realmente pasa
Delcy Rodríguez, nombrada presidenta encargada, ha remodelado el gabinete, pero solo para colocar a figuras idénticas a las que operaban bajo Maduro. La promesa de ruptura se traduce en un realineamiento para conservar el poder desde adentro.
Estados Unidos observa y acompaña—a cambio, ha abierto la puerta a multinacionales petroleras y mantiene una amnistía incompleta que deja a cientos de presos políticos en cárceles venezolanas. Un falso paso hacia la democracia.
Un salto atrás disfrazado de avance
La salida de Vladimir Padrino López como ministro de Defensa no implica renovación cuando su sucesor es Gustavo González López, hombre de Diosdado Cabello, con un historial probado de corrupción, abusos y torturas documentadas. Sus vínculos con Odebrecht y la organización de grupos armados civiles avalados por Cuba alertan sobre un régimen que sigue operando con las mismas prácticas criminales.
Las promesas de transparencia y justicia son una fachada. El Poder Judicial y los órganos electorales continúan en manos cómplices que aseguraron la reelección de Maduro en 2024. Mientras, la persecución a medios independientes como El Nacional persiste con confiscaciones arbitrarias bajo la mirada complaciente de jueces sometidos.
¿Qué se viene?
Este entramado indica que la transición en Venezuela es una narrativa diseñada para calmar a ciertos actores internacionales, pero sin cambiar las raíces del autoritarismo. Hasta que no se depuren profundamente las instituciones y se respete la ley, hablar de cambio real es ilusión.
La pregunta clave es inevitable: ¿cuánto tiempo más aceptará la comunidad internacional este simulacro que perpetúa la impunidad y mantiene al país en la crisis?