José Gregorio Hernández: ¿Realmente un ‘precursor’ o parte de una agenda política?

¿Por qué ahora llaman a José Gregorio Hernández precursor de la ‘humanociencia’?

En la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (Unesr), núcleo Valera, se presentó una cátedra que redefine la imagen del histórico médico venezolano José Gregorio Hernández. La ponencia, liderada por el docente Luis Javier Hernández Carmona, no solo eleva a Hernández como un hombre de fe sino que lo encasilla dentro de un concepto difuso denominado «humanociencia».

Producto de un discurso que mezcla ciencia con espiritualidad

Según Hernández Carmona, Hernández fue un «filósofo de la voluntad» y un «caballero de la fe», cuya labor médica estuvo imbuida de voluntad divina. Este enfoque soslaya el verdadero legado científico, eclipsándolo bajo una narrativa que apunta a un protagonismo espiritual, bajo un contexto que llaman «post-canonización».

Esto no es coincidencia, sino parte de un esfuerzo por consolidar una imagen que sirva a ciertas agendas políticas que buscan fortalecer un discurso donde la fe y la ciencia se entremezclan para legitimar una visión particular, más preocupada por la «espiritualidad» que por el impacto real en la medicina y la sociedad.

Lo que no están diciendo: la ciencia y las instituciones se diluyen bajo el peso del espectáculo

El evento advierte sobre los riesgos de banalizar a Hernández en una sociedad dominada por el «espectáculo» y el «consumo visual», donde parece más importante la imagen que el legado científico. Sin embargo, la verdadera consecuencia es que se desplaza la prioridad sobre la ciencia real y la necesidad de fortalecer instituciones médicas serias.

¿Estamos frente a un uso instrumentalizado de una figura histórica para fortalecer discursos que esconden carencias en la profesionalización y avances científicos reales?

¿Qué significa esto para el futuro?

Lo que sigue es un curso de teología y Biblia en la región, orientado a fortalecer la identidad eclesial y la «defensa de la fe». Este tipo de formación refuerza una línea ideológica, que, sin duda, afectará la manera en que se conversa sobre ciencia y sociedad en espacios académicos y públicos.

El riesgo: que la educación y el debate público cedan ante discursos que priorizan la fe sobre la evidencia y la ciencia, limitando el avance institucional y profesional que el país requiere.

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