Internet cortada: Myanmar y Venezuela muestran cómo gobiernos apagan la voz del pueblo
La batalla silenciosa para mantener internet en países bajo control militar y autocrático
En Myanmar, tras el golpe militar de 2021, las calles no solo se vacían: el régimen apaga internet. Min, desde un quiosco de bambú equipado con antenas satelitales clandestinas, ofrece a sus clientes internet a 25 centavos por hora. Un servicio pequeño. Un acto de resistencia peligroso.
¿Por qué importa esto más de lo que cuentan?
Myanmar ha registrado más de 450 apagones de internet desde 2021, que afectan a más de 20 millones de personas. Estas no son simples interrupciones, sino tácticas deliberadas del régimen para silenciar resistencia, controlar información y destruir comunidades. El 90% de estos cortes coinciden con bombardeos militares, una señal clara de que la censura digital es parte del plan para quebrar la oposición.
Min arriesga arresto y confiscación de su equipo cada día. Su negocio opera con pérdidas, adaptándose a cortes eléctricos y cambios de lugar para evitar ser descubierto. Esto revela algo fundamental: la censura tiene un costo humano y económico silencioso, que el discurso oficial no menciona.
Esto no queda solo en Asia: Venezuela y su muro digital
Al otro extremo del mundo, Andrés Azpurúa lidera desde Madrid un proyecto que desafía el bloqueo sistemático de medios independientes y plataformas de redes sociales en Venezuela. La censura no es intermitente ni accidental: es una estrategia de control político continuado, que se mantiene incluso después de cambios superficiales en el poder.
La aplicación Noticias Sin Filtro ha sido descargada 140,000 veces, mostrando cuán dependiente está la población de estas vías alternativas para evitar la manipulación y la desinformación oficial. Pero la realidad es dura: Azpurúa debió exiliarse para evitar la prisión, demostrando el nivel de represión detrás de estas políticas.
Una tendencia global que apunta a un futuro preocupante
- Desde 2020, los apagones de internet aumentaron exponencialmente, alcanzando cifras récord en 2025: 313 cortes en 52 países.
- Myanmar encabeza la lista con 95 casos, seguido por otras naciones con fuertes controles políticos.
- Las plataformas clave como Facebook, Telegram y X sufren bloqueos regulares, expulsando a millones de usuarios del debate público.
La censura digital no es un problema aislado, sino una herramienta que gobiernos autocráticos despliegan para controlar a la población, limitar la educación, frenar la economía local y destruir el tejido social.
¿Qué viene ahora?
Mientras las estructuras democráticas se debilitan por dentro, nuevos «cables enmarañados» y redes satelitales clandestinas emergen, impulsados por ciudadanos que desafían la censura. Pero el riesgo aumenta: arrestos, confiscaciones y migraciones forzadas se multiplican.
La pregunta es clara y urgente: ¿cuánto tiempo podrán estos regímenes sostener la coartada de seguridad y control antes de que la presión social y económica los haga tambalear?
Lo que no aparece en los medios ni en discursos oficiales es que el apagón digital es último recurso para mantener el poder a costa del futuro de millones. No es protestar ni pedir justicia: es denunciar un nuevo modo de represión y control, y entender que de eso depende la libertad para todos.