Delcy Rodríguez esquiva la convocatoria electoral y tensiona el futuro político de Venezuela
Este 1 de mayo, Delcy Rodríguez, quien asumió la administración venezolana tras la captura de Nicolás Maduro, evitó ofrecer una fecha concreta para las elecciones presidenciales. Ante la pregunta directa del periodista del The New York Times sobre cuándo se convocarían los comicios, Rodríguez respondió: “No sé, algún día”, y se retiró sin mayor explicación.
¿Por qué esta ambigüedad cambia el juego político?
El silencio de Rodríguez no es aislado. El Consejo Nacional Electoral no ha anunciado un cronograma para la sustitución presidencial. Diosdado Cabello, otra voz clave del régimen, reafirma que el proceso será «cuando llegue el momento». Este desdén por los plazos legales profundiza la crisis institucional en Venezuela.
Según la Constitución, frente a la falta absoluta del presidente (hecho incuestionable tras la captura de Maduro), debe convocarse elecciones en un plazo máximo de 30 días. María Corina Machado, líder opositora, estrechamente alineada con un sector que insiste en respetar la ley, ya declaró estar preparada para competir y exige cumplimiento estricto de la normativa.
¿Qué puede venir después?
La ambigua postura de Rodríguez y la falta de compromiso público para respetar el calendario constitucional dejan al país en un limbo político peligroso. La intención no oficial de posponer la elección esconde una estrategia para perpetuar un gobierno temporal que debilita la confianza institucional, desarma la oposición y extiende la inestabilidad social.
El reto ahora es claro: o se cumple la Constitución y se convoca urgente a elecciones transparentes o Venezuela seguirá atrapada en un vacío legal que amenaza su gobernabilidad y la seguridad jurídica.