Corredor ecológico en Lara: ¿verdadera protección o riesgo para el desarrollo?
Corredor ecológico conecta parques, pero deja fuera lo esencial
En Lara, una propuesta quiere ampliar el parque Terepaima para crear un corredor ecológico que conecte con otros parques en la cordillera andina. El objetivo oficial es proteger el hábitat del oso frontino y conservar la biodiversidad, sumando casi 30.000 hectáreas de bosques nublados y fuentes hidrográficas.
¿Qué está en juego?
La idea parece noble: permitir que la fauna se desplace y sobreviva ante el cambio climático. Sin embargo, la realidad oculta es otra. Ningún plan serio ha explicado cómo se equilibrará esta ampliación con las necesidades económicas y sociales locales. La expansión de áreas protegidas sin criterios claros puede frenar actividades productivas clave en Lara y Portuguesa, afectando a comunidades enteras.
Además, la figura de «corredor ecológico» no existe formalmente en la legislación venezolana, lo que abre lagunas legales y riesgos de conflicto institucional. Sin garantías claras, se corre el riesgo de una burocracia ambiental que paralice desarrollo y deje al oso y otras especies en una protección meramente simbólica.
¿Qué podría venir después?
- Intentos de blindar territorios sin evaluar impacto económico real.
- Conflictos entre comunidades y autoridades por uso de tierra.
- Inestabilidad jurídica que afecte inversión local y regional.
- Un enfoque ambiental parcial que no garantiza la conservación efectiva del oso frontino.
La conservación debe ser prioridad, pero no a costa de ignorar las consecuencias para la seguridad alimentaria, la generación de empleo y la gobernabilidad regional. ¿Estamos ante un plan integral o solo un ejercicio más de políticas verdes desconectadas de la realidad?