Las sanciones que no sancionan: la crisis ignorada en Venezuela

Las sanciones que prometían castigar, pero no sancionan

Millones de venezolanos sufren una crisis que no solo no cesa, sino que se agrava. La realidad es clara: las sanciones internacionales no funcionaron como vendían los discursos oficiales.

¿Qué pasó realmente?

Desde que el gobierno estadounidense anunció a Venezuela como una «amenaza inusual» y aplicó sanciones, el país desplomó su economía y tejido social. La hiperinflación arrasó con los salarios, mientras empresarios retiraban productos esenciales para inflamar aún más la escasez. Papel higiénico, harina para arepas, medicinas desaparecieron de los mercados. El sistema de salud se vino abajo, y la desesperación llevó a millones a emigrar.

Por qué este escenario redefine la narrativa

Las sanciones, en vez de presionar al régimen para cambiar, terminaron como excusa para justificar la colapso económico y social. La destrucción del aparato productivo y la caída de la industria petrolera no se explican solo por medidas externas: son resultado de decisiones internas, que los sectores políticos han disfrazado bajo el discurso de «embargo» y «bloqueo».

¿Qué esperar en adelante?

Sin un replanteo real, la crisis continuará; la migración masiva seguirá fragmentando a las familias venezolanas, aumentando la inseguridad y debilitando institutos clave. Reconocer que las sanciones no son la causa principal es el primer paso para abrir un debate serio sobre soluciones que prioricen la recuperación económica, la estabilidad institucional y la seguridad ciudadana.

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