Caracas: El plan frío detrás del desastre anunciado
El poder venezolano no actúa al azar
Lo que ocurre en Venezuela no es una crisis pasajera ni un mal momento. Es un plan frío, consciente y sistemático, que utiliza el deterioro general como herramienta para mantenerse en el poder.
Un pequeño grupo al mando, una mayoría arrinconada
El poder lo sostiene una minoría que no gobierna por convicción, sino por conveniencia, miedo y cálculo. Frente a ellos, una mayoría cansada, dividida y resistente, que ha intentado cambiar las cosas a través del voto y la protesta.
¿Por qué no cambia el escenario?
Porque quienes gobiernan aplican una lógica despiadada: aceptan destruir instituciones, economía y tejido social con tal de conservar el poder. No es improvisación ni arrebato; es la irracionalidad que se volvió máquina racional.
Como la Medea de Séneca, su ira no es un acceso de furia sin sentido, sino un arma que se perfecciona con la planificación y el engaño. La inteligencia sin límites éticos, fría y letal.
El paralelo que nadie menciona
La tragedia venezolana se refleja en esta estrategia: la decisión firme de destruir para mantenerse. Pero también la tragedia de la mayoría que responde con los mismos esquemas excluyentes y la obsesión de victoria o derrota, olvidando que el país se deshace en el proceso.
¿Qué viene después?
El punto de no retorno está cerca. Sin voluntad real para negociar o construir, sin espacios comunes, el conflicto deja de ser político y se convierte en una lucha existencial donde todos pierden. El ciclo de destrucción continúa, dejando un vacío irreversible.
¿Cuánto más podrá aguantar una sociedad atrapada en esta trampa antes de caer definitivamente?