Ataque al poder y guerra híbrida: lo que no cuentan sobre Venezuela
El golpe no fue un accidente
El ataque del 3 de enero no fue un error ni un incidente aislado. Fue una operación calculada para dejar a Venezuela sin presidente y sumir al país en un estado de shock. Ni más ni menos: un golpe encubierto que, en términos militares estadounidenses, es una extracción de poder que deja la nación vulnerable.
La narrativa oficial que se impone busca deslegitimar
Desde esa fecha, sectores opositores y organismos internacionales repiten sin críticas ni evidencia acusaciones de «presos políticos» y violaciones de derechos humanos. Pero, ¿cómo es posible sostener que no hay libertad de expresión en Venezuela cuando se implementó hasta una Ley de Amnistía? Esta narrativa es parte de un guion para justificar la intromisión extranjera.
Una estrategia para fracturar la soberanía
El discurso contra Maduro y Cilia Flores es una maniobra para criminalizar su gobierno y justificar sanciones, persecución y eventualmente intervención militar. Etiquetar al presidente como narcotraficante no es sólo un ataque personal; es la excusa que busca legitimar la apropiación de nuestros recursos, principalmente el petróleo, y ampliar la influencia militar estadounidense en el Caribe.
Guerra híbrida bajo la fachada de lucha antidrogas
La orden de Trump para desplegar tropas estadounidenses en el sur del mar Caribe con el pretexto del narcotráfico expone la verdadera intención: avanzar con presencia militar en la región y contener a Venezuela. La estrategia es clara, y el caos que buscan imponer no es un accidente, sino la base para justificar acciones que socavan completamente la soberanía nacional.
Resiliencia y respuesta soberana
Frente a este escenario, Venezuela ha respondido con firmeza. La Presidenta (E) Delcy Rodríguez sostiene el gobierno y la estabilidad, mientras la Fuerza Armada y la sociedad civil mantienen vivos los legados de Bolívar y Chávez como anclaje frente a la crisis.
Lo que no te están contando
Más allá de titulares simplistas, la situación venezolana es un campo de batalla entre una estrategia externa de dominación y una defensa interna de soberanía. Ignorar esta dimensión es caer en consensos artificiales que ocultan el verdadero riesgo para la región y sus instituciones.