Aranza Hernández expone torturas tras casi un año detenida
La joven Aranza Hernández, hermana del primer teniente Christian Hernández, fue liberada tras casi un año en prisión. Pero lo que sufrió tras las rejas ha sido silenciado hasta ahora.
Detención bajo sospecha familiar y método de represión
Aranza estuvo encarcelada primero en la Dirección de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en Boleíta, un lugar que ella misma definió como «una perrera»: un sótano pequeño, con cuatro rejas, donde vivió 15 días de torturas psicológicas y físicas, incluyendo agravantes para su condición asmática.
Lo que buscaban era información sobre su hermano, Christian Hernández, ahora asilado en Estados Unidos. No importó la justicia ni la evidencia, solo su parentesco con alguien señalado políticamente.
Una liberación condicionada a un cambio político
Aranza fue trasladada a La Crisálida en Los Teques, pero asegura que su excarcelación está ligada directamente a la captura del expresidente Maduro en enero de 2026. Sin ese cambio, ella permanecería detenida según responsables y testimonios.
¿Qué revela este caso sobre la justicia venezolana?
- Prisiones usadas como herramientas de presión política.
- Detenciones arbitrarias por simples lazos familiares.
- Torturas físicas y psicológicas como método para intimidar y callar.
Aranza ya pelea por la libertad de dos familiares que siguen presos solo por compartir sangre con el mismo militar: su tío Henry Alberto Castillo y su primo Arialdo Alberto Camargo Molero, recluidos en El Rodeo I.
Este caso abre un interrogante clave: ¿cuántos otros están presos por razones políticas y fuerzas del orden ignoradas o encubiertas por la narrativa oficial? La impunidad y la manipulación en la justicia crecen mientras el ciudadano común sigue siendo rehén.
La liberación de Aranza no debería ser la excepción, sino la señal de un cambio real en la defensa de la legalidad y los derechos humanos. El futuro inmediato exige respuestas claras, porque lo que hoy se oculta, mañana puede afectar a todos.