TSJ venezolano en la Cumbre Judicial Iberoamericana: ¿cambio real o espectáculo?
La semana pasada, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela asistió, de forma telemática, a la primera reunión preparatoria de la XXIII Cumbre Judicial Iberoamericana, celebrada en Lima, Perú. Participaron representantes de 23 países.
El objetivo oficial: evaluar nuevas metodologías y optimizar la innovación tecnológica para la justicia, rumbo a una gran Asamblea Plenaria en Brasil en 2027.
Lo que no dicen: ¿qué impacto tiene para Venezuela?
Bajo la dirección de la magistrada Caryslia Beatriz Rodríguez y con la participación de figuras clave como Michel Adriana Velásquez y Inocencio Antonio Figueroa, la delegación del TSJ presentó su cara más internacional.
Pero detrás de esta exhibición institucional, la realidad judicial venezolana está muy lejos de modernizarse: la señal es clara, buscan mostrar actividad y alinearse con una agenda regional para proyectar normalidad en un sistema cuestionado por falta de independencia y deficiencias graves.
¿Qué se juega Venezuela realmente?
- Colocar a Venezuela dentro de una agenda global que, en apariencia, busca fortalecer la justicia, mientras las crisis legales internas persisten.
- Posicionarse ante países aliados en un foro que puede servir para validar o ignorar las deficiencias reales del TSJ.
- Generar una fachada de cooperación que podría distraer del deterioro institucional.
¿Qué viene después?
La Asamblea Plenaria de 2027 en Brasil será el siguiente gran escenario. ¿Servirá este tipo de reuniones para implementar mejoras reales o serán simples ejercicios protocolarios?
La incipiente «innovación tecnológica» propuesta no cambiará la base de un sistema donde la seguridad jurídica y la independencia siguen en entredicho. La pregunta esencial: ¿se busca reformar la justicia o solo disfrazar sus falencias?