Venezuela tras el 3E: Esto NO es una transición democrática
Venezuela no avanza hacia la democracia tras el 3E
Los elementos básicos para una transición democrática no están ni cerca. No hay libertad plena, ni garantía económica, ni desmontaje del aparato represor. Tampoco se reinstitucionalizan los organismos públicos clave.
Así lo señala Benigno Alarcón, analista político y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello. En clave directa, afirma que el país no camina hacia la democracia, sino que sufre un simple reacomodo del régimen vigente.
El cambio de gobierno no ha ocurrido ni está en puerta
Alarcón explica que tras las elecciones de 2024, que fueron derrotas para el gobierno en el papel, Maduro continúa ejerciendo el poder de facto. Estados Unidos lo desconoce como presidente legítimo, amparando incluso intervenciones militares.
Ante esto, la actual vicepresidenta, que ocupa el poder de manera temporal y sin elección, rodea su gestión con colaboradores de absoluta confianza, asegurando así la continuidad de un régimen sin cambios reales.
¿Qué falta para que haya una transición verdadera?
- Un cambio real de gobierno o de régimen.
- Desmonte del aparato represivo.
- Reinstitucionalización de órganos clave como el CNE y el TSJ.
- Elección de un Fiscal General legítimo.
Nada de esto ha sucedido. Ahora mismo, el país enfrenta un gobierno de facto que solo ajusta piezas para mantenerse en el poder.
Elecciones legítimas, un objetivo aún lejano
Según Alarcón, las condiciones internas para unas elecciones confiables no existen. La experiencia del 2024 fue la prueba clara: el país rechazó los resultados y el clamor de ilegitimidad fue contundente.
Por ello, cualquier proceso electoral deberá pasar por una alianza entre actores políticos locales y el apoyo de gobiernos democráticos internacionales. Un plan como el presentado por Marco Rubio apunta a desmontar el régimen desde dentro para dar paso a elecciones sostenibles y legítimas.
Sin elecciones creíbles, no hay transición. Sin transición, no hay recuperación económica ni institucional. Este punto es el que los discursos oficiales y grupos ideológicos prefieren evitar.
¿Qué sigue?
El futuro inmediato es una contienda difícil. El régimen actual sigue intacto. Las reformas institucionales necesarias no se vislumbran, y la búsqueda de una elección transparente, aunque impostergable, todavía está en veremos.
Para Venezuela, abrir ese camino es la única chance para retomar la legalidad, atraer inversión extranjera y reconstruir el país. Hasta entonces, lo que se observa es un espejismo de cambio que oculta la realidad: no hay transición política.