Venezuela: sociedad lista para el cambio, pero la política no responde
La sociedad venezolana está lista. ¿La política?
En Venezuela no hay una sociedad rota. Todo lo contrario: pese a las crisis, la gente ha encontrado formas efectivas de convivir y resistir. Pero el sistema político sigue atrapado, incapaz de responder.
La paradoja que pocos señalan
Los datos son claros: la mayoría de los venezolanos quiere diálogo y rechaza la violencia. Reconocen que los conflictos son políticos, no sociales. Sin embargo, el juego político no ofrece canales reales para que esas intenciones se traduzcan en acuerdos.
¿Por qué? Porque la política perdió la capacidad de comunicarse y negociar. La teoría de Jürgen Habermas sobre la democracia efectiva señala la importancia de un diálogo respetuoso y funcional. Aquí, el discurso público está marcado por la desconfianza y la confrontación.
Sobrevivir desplaza lo político
Como dice Hannah Arendt, cuando la gente se centra en sobrevivir —casa, comida, estabilidad— la participación política se debilita. No es apatía, sino desplazamiento. El venezolano coopera y convive, pero no logra organizarse para cambiar el rumbo nacional.
El mayor riesgo: el desfase entre sociedad y política
La sociedad exige respuestas inmediatas. La política avanza sin dirección ni urgencia. Esta desconexión paraliza la transición y erosiona el margen para el acuerdo, aumentando la frustración ciudadana.
¿La solución? Organizar la sociedad políticamente
No se trata de construir cohesión social: ya existe. El reto es crear mecanismos políticos que canalicen esa energía. Los procesos electorales, bien gestionados, son la vía más clara para convertir el diálogo social en decisiones firmes y legítimas.
Venezuela tiene una ventaja que pocos países en crisis poseen: una sociedad que aún cree en la convivencia pacífica. Si la política se pone a la altura, puede convertir esta fuerza social en un cambio real y estable. Ese es el punto de inflexión que nadie quiere admitir, pero que es imprescindible.