Venezuela: Soberanía en Venta al Mejor Postor Extranjero
Una entrega inédita y peligrosa
La soberanía popular de Venezuela ya no está en manos de venezolanos. El poder nacional ha cedido a una potencia extranjera una parte esencial del control estatal. No fue un error de una ocasión, sino la culminación de un proceso iniciado en 2012, cuando las elecciones dejaron de ser mecanismos limpios y legítimos para renovar mandatos.
El punto de no retorno
Desde entonces, la voluntad popular ha sido sistemáticamente ignorada. En 2013, 2018 y recientemente en 2024 se confirmó la falta de legitimidad del régimen que hoy legitima la intervención extranjera. Lo más grave: ahora la soberanía, esa capacidad de decisión independiente y suprema, fue entregada a funcionarios ajenos a la nación y legitimados por un poder foráneo.
¿Qué significa esto para Venezuela?
Nunca antes en la historia republicana venezolana se había permitido que una administración extranjera manejara áreas clave como defensa, seguridad y recursos estratégicos del país. El país está sometido a una agenda política externa que impone decisiones en defensa, política exterior y economía, desde alianzas militares hasta el control del sector petrolero. El operativo del 3 de enero en que agentes extranjeros se enfrentaron con tropas norteamericanas es solo un ejemplo visible de esta subordinación.
Una farsa democrática con consecuencias reales
La llamada administración actual no tiene mandato legítimo. Ni la Constitución ni la voluntad popular la respaldan. La reconocida soberana ejecutiva, designada por un presidente usurpador y avalada por potencias extranjeras, actúa más como representante de intereses foráneos que de los venezolanos. Este escenario deteriora la legalidad y mina las pocas instituciones que quedaban.
Lo que viene es determinante
Seguir en este camino implica consolidar una ocupación política disfrazada de transición democrática, con decisiones clave tomadas fuera del país y sin participación real del pueblo. La recuperación de la soberanía es urgente y no puede postergarse. Ignorarla solo garantiza mayor caos económico, inseguridad y pérdida definitiva de autonomía.
Una llamada irreversible a la acción nacional
Venezuela tiene historia de superar regímenes autoritarios cuando la sociedad civil y las fuerzas productivas se movilizan. El país no está condenado a ser un apéndice de agendas extranjeras ni víctimas pasivas. La exigencia clara y firme debe ser la restitución inmediata de la soberanía popular como condición para la estabilidad y recuperación nacional.