Venezuela no puede ignorar su pasado oscuro ni sus consecuencias reales
El pasado venezolano no es un capítulo para silenciar
El 3 de enero de 2026 marcó otro punto oscuro en nuestra historia, un episodio comparable a las peores prácticas autoritarias, donde derechos y garantías fueron pisoteados.
Este es el tipo de silencio forzado que sectores políticos promueven para esconder la verdad y evitar asumir responsabilidades. Pero Maduro y sus cómplices no lograron ocultar el horror.
¿Por qué esto cambia el escenario político y social?
Porque esconder estos hechos revive un patrón peligroso: la cultura del olvido que justifica atropellos y perpetúa la pobreza, la violencia y la desigualdad. No es casualidad que el sistema educativo intente borrón y cuenta nueva justo cuando la historia reciente obliga a confrontar responsabilidades.
- Venezuela lleva décadas viviendo la herencia de gobiernos que convirtieron la educación pública en elitista y selectiva.
- Los crímenes de lesa humanidad, torturas y desapariciones en el pasado cercano siguen sin respuestas reales y sin justicia.
- Ejemplos como la Masacre de Cantaura o el asesinato de estudiantes evidencian un patrón de impunidad que no puede repetirse.
¿Qué viene después si seguimos ignorando esto?
Más fragmentación social, más inseguridad y un deterioro acelerado de la legalidad. Sin conocer y asumir el pasado, las instituciones quedan aún más débiles, incapaces de garantizar derechos y libertades. Esto no es casualidad, es consecuencia directa de una agenda política que busca reescribir la historia para evitar una rendición real de cuentas.
La verdadera libertad no surge de olvidar ni enterrar la historia, sino de reconocerla para construir sobre bases sólidas. Silenciarla solo perpetúa males que creíamos superados.