Venezuela: La república desmembrada que nadie quiere admitir
Venezuela no es un país dividido, es una república desmembrada
Oportunismo, negociación oscura y abandono total resumen la tragedia venezolana.
El 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos intentó frenar a Maduro con sanciones y presión política, no hubo respuesta firme ni interna que aprovechara esa ventana. Eso dejó espacio para maniobras que violan principios básicos y afectaron la soberanía nacional.
La élite gobernante utilizó estrategias —como en el ajedrez— para preservar sus privilegios sin importar la justicia ni el bienestar nacional. Eso exige responsabilidad que nunca llegó, solo postergaciones y desgaste.
El resultado: Venezuela dejó de ser una república unida. La élite militar, civil y económica entregó el país a intereses extranjeros y grupos irregulares: desde la influencia cubana y rusa hasta negociaciones con la guerrilla narcotraficante colombiana. Se cedió territorio y control estratégico.
El fracaso no es solo político, es institucional y social. La Fuerza Armada está formada por fuerzas extranjeras, el sistema electoral es otra farsa y el pueblo, víctima principal, ha perdido derechos civiles y emigrado en masa bajo amenazas de perder la nacionalidad.
¿Cómo llegamos aquí? Por una élite corrupta que apostó a destruir el sistema democrático, por un régimen constitucionalmente ilegítimo y por denuncias serias de EE.UU. sobre riesgos para su seguridad nacional.
Se repite un guion: leyes diseñadas para blindar privilegios, no para proteger a la sociedad. La llamada «Ley de Amnistía» y «Leyes de Odio» solo disfrazan y perpetúan el control interno con manipulación y amenazas.
No hay solución interna si no cambian las reglas del juego. Ni los venezolanos ni sus élites muestran voluntad para rescatar la República. Sin un acuerdo nacional real, que incluya validación política transparente y negociación entre empresarios, trabajadores y estudiantes, la crisis seguirá y la economía naufragará.
¿Y la salida? Una elección sola no resolverá el problema sin un acuerdo institucional genuino. El rol de Estados Unidos en este tablero complejo sigue siendo clave.
Como dijo Miguel Otero Silva: tumbar un gobierno corrupto es inútil si no se desmonta el sistema que lo sostiene. Venezuela necesita un cambio profundo. Sin eso, solo habrá más impostura y sufrimiento.