Venezuela: ¿Instituciones o poder absoluto? La batalla que define su futuro
Venezuela enfrenta una encrucijada clave: instituciones o poder concentrado
La crisis venezolana no es solo política, es un colapso institucional que pone en riesgo la convivencia y la legalidad. El abandono de normas y procedimientos ha dejado al Estado convertido en un instrumento de poder absoluto, sacrificando la justicia y el bienestar ciudadano.
De Betancourt a la degradación del Estado
Rómulo Betancourt dejó claro un principio básico: la democracia debe sustentarse en instituciones que regulen el poder, no en líderes con mando absoluto. Sin embargo, desde finales del siglo XX, Venezuela ha invertido esta lógica. El poder se concentró, las instituciones se politizaron y dejaron de ser límites para convertirse en obstáculos a vencer.
¿Por qué importa esto?
Cuando la lealtad partidista reemplaza a la legalidad, la confianza social se desploma, la inseguridad aumenta y la ciudadanía queda sin garantías reales. Cargos clave como el Fiscal General y Defensor del Pueblo, diseñados para equilibrar el sistema, se transforman en operadores del poder y acusan la crisis ética que desarma al Estado.
¿Qué viene después?
La salida exige desmantelar la lógica del poder absoluto, imponer la norma sobre la voluntad, y profesionalizar las funciones públicas sin interferencias ideológicas. La reconstrucción institucional no será rápida, pero es única y necesariamente el camino para restaurar la justicia, la libertad y la convivencia.
Este momento crítico no es solo una crisis más; es un punto de inflexión para definir si Venezuela recupera su rumbo o se sumerge aún más en la dominación arbitraria.