Venezuela en el Top 30: Hacer negocios sigue siendo un laberinto legal
¿Por qué Venezuela está entre los países más difíciles para hacer negocios?
Venezuela ocupa el puesto 27 del Índice de Complejidad Empresarial Global (GBCI) y se encuentra entre los 11 países de América Latina donde emprender es una verdadera batalla.
El informe de TMF Group, divulgado por Bloomberg Línea, revela que la región sigue siendo un terreno minado por la inestabilidad regulatoria y los constantes cambios de reglas que complican cualquier actividad comercial.
La verdadera razón detrás de la incertidumbre
No es solo burocracia. La incertidumbre política y jurídica deteriora la confianza empresarial. Cada cambio de gobierno radicaliza las políticas, saltando de extremos sin un punto medio estable que genere certezas para los inversionistas.
Cristhian Fresen, responsable para Venezuela, Colombia y Ecuador en TMF Group, subraya que este ciclo sin fin de cambios normativos y desequilibrios sociales profundiza las desigualdades y hace que la complejidad para operar sea una constante.
¿Qué implica este escenario para Venezuela?
- Aunque presenta cierta estabilidad relativa frente a otros países latinoamericanos, Venezuela no tiene un marco regulatorio óptimo ni predecible.
- La inversión extranjera sigue enfocada en el sector energético, donde la regulación es menos volátil.
- Sin continuidad ni equilibrio político, la confianza para hacer negocios seguirá erosionándose.
El futuro de la inversión en la región está en juego
La realidad que pocos destacan es que seis países latinoamericanos están entre los diez con mayor complejidad empresarial global. Esto no solo aleja inversiones sino que pone en riesgo la creación de empleos, el fortalecimiento institucional y el desarrollo económico.
Mientras otros territorios, como las Islas Caimán, crecen gracias a la estabilidad institucional y previsibilidad regulatoria, Venezuela y otros países bajo una agenda política cambiante siguen atrapados en un ciclo de incertidumbre que limita su desarrollo.
¿Podrán nuestras instituciones —y los líderes políticos— romper este patrón de extremos y caos para construir un ambiente de negocios que genere crecimiento real?