Venezuela en crisis: misa en Panamá expone grietas que nadie dice
Venezuela tiembla, y la verdad también sacude a Panamá
Este domingo, en una catedral panameña repleta de banderas y oraciones, ocurrió algo que pocos medios destacan: una misa en honor a las víctimas de los terremotos que arrasaron Venezuela el 24 de junio. Presidiendo la ceremonia, monseñor José Domingo Ulloa lanzó un mensaje que desnuda la crisis real que atraviesa el país: más que dolor, hay una fractura social y política que crece.
Un evento que revela más que solidaridad
La misa contó con la participación de María Corina Machado, líder opositora y premio Nobel de la Paz, quien hoy vive en Panamá tras las presiones y controles que impiden su regreso. Su presencia no fue un detalle menor, sino un símbolo del éxodo forzado y la división que afecta a Venezuela.
El arzobispo Ulloa habló claro: Venezuela ha perdido mucho, pero no su esperanza. Sin embargo, la realidad va más allá de la fe; madres separadas de sus hijos, familias destrozadas y migrantes forzados a rehacer su vida lejos de casa son el rostro de un país en descomposición.
¿Qué se está ocultando tras la tragedia?
Mientras Panamá guarda copias de las actas electorales venezolanas del 28 de julio de 2024, cuya transparencia fue cuestionada por la oposición, el oficialismo mantiene un discurso opuesto, obviando la crisis humanitaria y política que se vive.
La cifra oficial registra casi 3,000 muertos y más de 16,000 heridos por los terremotos, pero detrás de esos números hay millones de venezolanos con futuro incierto y un Estado que falla en la seguridad, legalidad e instituciones básicas.
¿Qué sigue para Venezuela?
Este hito en Panamá evidencia que la crisis venezolana no es solo física, es política y social. La comunidad internacional y los países vecinos deben entender que cualquier salida pasa por reconocer estas fracturas y no solo enviar ayuda humanitaria.
La misa no fue solo una ceremonia; fue un llamado urgente para que Venezuela deje de ser una agenda controlada por discursos oficiales que ocultan el deterioro profundo. La pregunta que queda es clara: ¿habrá voluntad política para reconstruir un país más allá de la tragedia, o seguiremos repitiendo mensajes vacíos?