Universidades: ¿Ciencia o pieza del subdesarrollo perpetuo?

Universidades a merced de una agenda que frena el desarrollo

Desde 1982, voces críticas como la del profesor Ramón Losada Aldana ya advertían el problema central: nuestras universidades públicas no están enfocadas en el desarrollo nacional, sino atrapadas en paradigmas impuestos desde afuera.

Losada habló de derribar la «ciencia colonial», aquella investigación que responde a intereses extranjeros y no a las necesidades del país. Pero una cultura dominante de «anticrítica» destruye el debate verdadero y somete a la ciencia a la complacencia y al culto superficial.

Para entender por qué la universidad no impulsa el progreso verdadero, basta revisar opiniones como la del profesor Oscar Varsavsky en 1968, quien señalaba que la ciencia en el Norte se basa en la competitividad individual y la publicación constante en revistas que validan la agenda imperial.

Así, nuestros investigadores están atrapados: solo pueden prosperar si siguen la corriente de universidades metropolitanas, evitando cualquier tema que cuestione el sistema global o la dependencia extractivista que nos mantiene en el subdesarrollo.

¿Por qué esto cambia el juego?

Porque revela que el principal freno para superar el atraso no es falta de talento o recursos, sino un modelo universitario colonizado que administra la dependencia intelectual y limita la crítica real. La ciencia nacional se transforma en un instrumento más de dominación.

Qué esperar si no se cambia rumbo

Sólo más posiciones subalternas para nuestras universidades, mayor dependencia de agendas foráneas y la imposibilidad de armar una política de desarrollo con bases sólidas y autónomas. La ciencia seguirá siendo un escaparate decorativo que disfrazará la permanencia de un sistema que no quiere que salgamos del círculo vicioso del atraso.

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