Tucacas sin agua ni electricidad: ¿quién falla tras el terremoto?

Servicios públicos colapsan en Tucacas tras terremoto, ¿quién asume la responsabilidad?

El 24 de junio, Tucacas fue sacudida por un doble terremoto que dejó daños visibles. Pero a la emergencia inicial se sumó un problema silencioso y grave: la suspensión total de agua potable y electricidad, que afecta directamente a la vida diaria de los ciudadanos.

¿Una consecuencia del sismo o un problema estructural al descubierto?

Irene Revilla, de la Red de Mujeres de Constructores de Paz en Falcón, deja claro un dato que la mayoría ignora: los cortes en agua y luz no empezaron con el terremoto, sino que llevan siendo comunes mucho antes. El colapso actual solo destapó fallas profundas en los servicios públicos.

El agua, recurso vital, llega esporádicamente y sin garantía. Muchas casas no cuentan con tanques para almacenar el líquido esencial. Electricidad intermitente es entendible tras un desastre, pero la ausencia prolongada indica desidia y falta de mantenimiento.

Daños estructurales graves y atención médica limitada

Los sismos dañaron viviendas en sectores clave como Kilómetro 3, Puerto Flechado y Campo Caribe, dejando a familias sin techo.

Edificios importantes, como Ciudad Bendita y Puerto Limón, sufren daños severos. En Ciudad Bendita hay personas heridas que requieren atención que el hospital local prácticamente no puede brindar porque limita su servicio a casos de emergencia estricta.

La ayuda llega pero no llega: desorganización y corrupción invisibles

El apoyo externo ha venido desde Coro, Carabobo y Yaracuy, pero su destino final es problemático.

Según Revilla, la distribución es caótica: los que realmente sufren no reciben ayuda, mientras otras familias que no tienen daños ocupan espacios y entorpecen la entrega.

¿Cómo puede un Estado garantizar asistencia sin organización ni control efectivo? Esta falla deja en evidencia una gestión pública ineficiente, incapaz de responder a crisis.

¿Y ahora qué? El riesgo de un colapso social más profundo

El derrumbe de servicios básicos no es un accidente aislado. Es la consecuencia de años de abandono y malas decisiones que comprometen la seguridad y calidad de vida.

Si no hay respuestas claras ni acciones contundentes, las secuelas del terremoto serán mucho más que físicas. La desconfianza, el desamparo y el desorden pueden convertirse en una crisis mucho peor.

¿Estamos frente a un punto de inflexión para la localidad o continuará el abandono encubierto bajo la emergencia?

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