Tres terremotos que revelan la verdad oculta de Venezuela
Primer terremoto: 1812, la catástrofe ignorada que forjó un destino
En plena lucha por la independencia, Caracas sufrió un sismo devastador. El poder imperial y la iglesia intentaron manipular la tragedia como castigo divino, pero Simón Bolívar lo entendió distinto: la naturaleza no es un enemigo invencible, somos actores de nuestro propio destino. Sin embargo, la fragmentación del poder y la inacción crearon un daño irreversible. ¿Quién paga el costo cuando el Estado no actúa con unidad y firmeza?
Segundo terremoto: 1967, y nadie aprendió
Otra vez, Caracas fue golpeada con fuerza. Tras la tragedia, las instituciones brillaron por su ausencia en la prevención: no hubo cambios en la construcción ni en la planificación urbanística a prueba de sismos. Las prioridades seguían desviadas hacia eventos y discursos vacíos mientras se ignoraban las verdaderas fallas.
Tercer terremoto: 2026, caída sin excusas
La reciente catástrofe que costó vidas y riquezas muestra que seguimos igual. Sin planes, sin estructuras sólidas, con instituciones que se desmoronan y que no aprenden. A cuatro meses sin internet básico en Cantv, el colapso no necesita sismos físicos para demostrarse. La verdadera pregunta es: ¿cuánto más toleraremos vivir en un país donde la fragilidad es la norma, y los responsables siguen impunes?
¿Qué viene después?
Si no enfrentamos esta triple falla —geológica, institucional y moral— la ruina será perpetua. La reconstrucción no es solo física, es política. Hay que expulsar a quienes saquean desde dentro, construir estructuras firmes y recuperar el control. La historia enseña: la resiliencia no es resignación, es lucha inteligente. ¿Estamos dispuestos a cambiar el rumbo o seguiremos repitiendo el mismo desastre?