Terremotos en Venezuela: Lo que no te dicen sobre el síndrome post-sismo
¿Por qué sigue ese movimiento que sientes tras el terremoto?
El 24 de junio, un doble terremoto sacudió Venezuela y dejó algo que pocos mencionan: una sensación persistente de balanceo en muchas personas, incluso cuando todo está quieto.
Esto no es imaginación ni histeria colectiva. Se llama síndrome de mareo post-terremoto, una reacción biológica y psicológica comprobada tras sismos de gran magnitud.
El giro invisible que afecta la mente y el cuerpo
Según la OMS, casi todos enfrentan angustia tras emergencias. Pero un 22% puede derivar en trastornos como ansiedad o depresión, algo que el discurso oficial no aborda con la urgencia que merece.
El psicólogo Keiver Rodríguez explica que el cerebro busca estabilidad. Cuando un terremoto rompe esa seguridad, la mente queda en alerta constante, y eso genera un malestar psicológico y físico real.
¿Por qué el cuerpo sigue sintiendo el temblor?
Investigadores japoneses revelan que este malestar surge por un desajuste sensorial. El equilibrio normal depende de la coordinación entre visión, sensación corporal y el oído interno.
El terremoto altera esas conexiones, afectando el oído interno y el sistema nervioso autónomo, con impacto directo en la salud física y mental. Mujeres, adultos y quienes viven en pisos altos son los más vulnerables.
El temblor que no cesa en la mente
El llamado temblor fantasma es una hipervigilancia que hace reaccionar a estímulos comunes como si se tratara de una amenaza real.
La sobreexposición a noticias, videos y falsos reportes en redes sociales incrementa esa ansiedad, fomentando un ciclo de “re-traumatización”.
¿Qué debe hacerse ahora?
Expertos piden atención interdisciplinaria y cuidados básicos: evitar movimientos bruscos, descanso, hidratación y ejercicios de relajación.
Cuando los síntomas persisten, solo la intervención médica puede evitar que esta crisis silenciosa crezca.
Organizaciones nacionales ya ofrecen apoyo en salud mental, pero el fenómeno es apenas la punta del iceberg de un problema mucho más profundo: un Estado ausente ante la dimensión real del impacto del desastre natural.