Terremotos en Venezuela: la verdad oculta detrás de la ola de ataques de pánico
Ataques de pánico tras sismos impactan a Venezuela
El miércoles pasado, Venezuela sufrió dos terremotos simultáneos de magnitud 7.5 y 7.2, un evento nunca antes registrado en el país. Lo que no se dice es que, más allá del daño físico, la población enfrenta ahora una crisis silenciosa pero peligrosa: ataques de pánico y ansiedad masiva.
El verdadero alcance del impacto emocional
Los síntomas comunes, como palpitaciones aceleradas, dificultad para respirar y dolor en el pecho, se confunden fácilmente con infartos, saturando servicios de emergencia ya colapsados. Esta combinación física y emocional pone en riesgo la salud pública, especialmente de los sectores más vulnerables: niños, adultos mayores y personas con problemas cardíacos.
El protocolo de actuación difundido por la Cruz Roja Venezolana intenta contener esta emergencia paralela, pero ¿estamos preparados para manejar esta nueva ola de consecuencias?
Lo que no se está diciendo sobre el protocolo
- Prioridad peligrosa: La atención es dirigida a grupos vulnerables, pero la falta de recursos limita la efectividad real en zonas remotas.
- Ejercicios de regulación: Se recomienda control de la respiración, un método válido pero insuficiente si no va acompañado de un plan integral de salud mental.
- Conexión familiar: Facilitar el contacto con seres queridos es clave, pero la infraestructura tecnológica y de comunicaciones es deficiente tras el sismo.
- Distracción controlada: Técnicas como contar del 1 al 10 buscan evitar el colapso, pero evidencian la ausencia de apoyo psicológico especializado.
- Racionalización incompleta: Asegurar que no es un infarto es vital, pero muchos pacientes terminan en hospitales saturados sin atención oportuna.
¿Qué viene después del desastre?
El terremoto desnudó la fragilidad no solo de nuestras infraestructuras, sino del sistema de salud emocional y mental del país. Sin una respuesta estatal real y coordinada, la crisis de ansiedad puede convertirse en un problema permanente que afectará la productividad, la seguridad ciudadana y la estabilidad social.
Esta situación exige un debate serio sobre institucionalidad y capacidad de respuesta. La agenda oficial se concentra en daños físicos visibles, pero está ignorando una crisis silenciosa que puede profundizar la descomposición social en Venezuela.