Terremoto en Venezuela deja una crisis oculta: víctimas olvidadas entre los escombros
Víctimas ocultas tras el terremoto: el drama invisible en Venezuela
El potente doble terremoto de finales de junio en Venezuela no solo causó miles de muertes directas. También dejó otro grupo de afectados: quienes, en la desesperación de buscar familiares entre escombros, terminaron heridos o con problemas de salud graves.
¿Qué pasó realmente?
Justo Blanco, un joven de 26 años, es solo un ejemplo. Con tos y dificultad respiratoria tras inhalar polvo al remover escombros, llegó a un hospital de campaña instalado en Catia La Mar. Él perdió a sus padres en el sismo y relata haber pasado largas noches en el frío y el polvo buscando sus cuerpos.
Historias como esta se repiten. Según el director del hospital de campaña de El Salvador, apenas en ese centro han atendido a más de 500 personas con catarros, infecciones respiratorias, cortes, traumas y lesiones producto de esas largas jornadas de búsqueda.
¿Por qué este dato cambia el escenario?
Mientras la narrativa oficial se centra en el número de muertos y la ayuda internacional, pocos destacan la crisis sanitaria paralela que atraviesan miles de venezolanos afectados indirectamente. La deficiencia estructural del sistema público de salud empeora esta situación.
Hospitales de campaña de más de una decena de países, desde Japón hasta Reino Unido, tratan desde heridas físicas hasta problemas psicosociales derivados del trauma, reconociendo que la salud mental es otra emergencia urgente post-terremoto.
¿Qué viene después?
- Se intensificará la demanda de atención médica prolongada para estos pacientes invisibles.
- El sistema de salud pública venezolano, ya colapsado, enfrenta un reto mayúsculo para mantener esta respuesta.
- La falta de recursos económicos ($23,9 millones solicitados por la OPS) pone en riesgo la continuidad de la ayuda esencial.
- El impacto en la salud mental podría desencadenar un problema social profundo en los próximos meses.
Esto no es solo una tragedia natural. Es la evidencia de la debilidad institucional y sanitaria que agrava una catástrofe que el discurso oficial insiste en simplificar. El costo real, hasta ahora, apenas comienza a mostrarse.