Tarek William Saab y la ‘Gran Misión Viva Venezuela’: ¿Control cultural o defensa nacional?
¿La cultura como ‘reserva moral’ o mecanismo de control?
En marzo de 2026, Tarek William Saab asumió la dirección de la Gran Misión Viva Venezuela “Mi Patria Querida”, un programa presentado como el escudo contra la llamada transculturización y la pérdida de identidad nacional.
Con más de medio millón de cultivadores censados, el plan insiste en su despliegue territorial y educativo, buscando consolidar una supuesta “reserva moral de la nación”. El programa no solo promueve tradiciones indígenas y mestizas, sino que también se arroga la tarea de frenar “los antivalores promovidos por la industria del entretenimiento y el imperialismo”.
¿Un proyecto cultural o una estrategia para uniformar el pensamiento?
Al pensar la identidad como un bloque monolítico que debe “salvarse”, se oculta un cambio más profundo: la creciente intervención estatal en la cultura y educación, con impacto directo en la libertad de expresión y diversidad cultural.
El adhesivo discurso de rescate traduce en prácticas que podrían limitar la pluralidad y desincentivar nuevas expresiones que no encajen en la narrativa oficial.
¿Qué viene después de esta misión?
- Intensificación de actividades comunitarias y escolares con lineamientos claros sobre qué es “identidad nacional”.
- Expansión en todos los estados para promover una definición cultural única, con fuerte respaldo estatal y posibles controles.
- Alianzas institucionales para asegurar que “la cultura” no escape del mandato oficial, afectando a artistas independientes y manifestaciones no alineadas.
La Gran Misión no solo pone en juego el valor cultural, sino que dibuja un escenario donde la identidad nacional se convierte en un concepto instrumentalizado políticamente. La pregunta insistente es: ¿protección o exclusión?