El sistema eléctrico venezolano está al borde del colapso.
En marzo, especialistas de Siemens y General Electric realizaron una evaluación técnica que evidenció el grave deterioro del complejo hidroeléctrico del Bajo Caroní, motor principal de la generación eléctrica en Venezuela.
La inspección incluyó las centrales de Guri, Caruachi y Macagua, las cuales operan con menos de la mitad de su capacidad, una realidad insoportable para la industria y la economía nacional.
¿Por qué importa esto?
Este análisis surge tras recientes acercamientos energéticos entre Caracas y Washington, abriendo la puerta a asistencia técnica internacional luego de años de abandono. Las propuestas de rehabilitación, que se esperan para abril, podrían iniciar una recuperación real antes de 2027, si se implementan con rigor.
Pero que nadie olvide: estos gigantes tecnológicos enfrentan pasivos. Siemens, por ejemplo, estuvo involucrada en un escándalo internacional por sobornos, incluida Venezuela, lo que genera dudas sobre la gestión y transparencia futuras.
Lo que viene no será fácil
- Reparaciones profundas necesarias en más de la mitad de las 48 unidades de generación.
- Recuperación condicionada a un mantenimiento sostenido a largo plazo, no a soluciones parciales.
- La demanda energética sigue siendo un cuello de botella para reactivar la economía y la producción industrial.
La asistencia internacional puede ser un punto de inflexión, pero el verdadero reto es institucional. Sin un compromiso firme y claro, la infraestructura seguirá degradándose y el país continuará sufriendo apagones y crisis económicas.
Lo que no están diciendo: el fracaso eléctrico no solo es técnico, es político. Y hasta ahora, nadie ha puesto sobre la mesa el costo real de años sin inversión ni mantenimiento, ni las consecuencias para los ciudadanos y las empresas.