Seguir a tu selección en el Mundial 2026 te costará más de 63.000 dólares, ¿quién paga esto?
Viajar a la final del Mundial 2026 tendrá un precio solo para unos pocos
Asistir a todos los partidos de la selección campeona en el Mundial 2026 costará más de 63.000 dólares en promedio para una pareja. Un estudio revela que países como Irak y Jordania encabezan una lista que incluye a Argentina, Brasil y Colombia entre los más caros.
Esto no es solo por las entradas
El precio reportado incluye no solo las entradas, que representan cerca del 50% del gasto total, sino también vuelos, hoteles y alimentación. Por ejemplo, seguir a Irak hasta la final significa gastar 75.000 dólares debido a los desplazamientos entre Estados Unidos y Canadá, sedes del Mundial.
Argentina y un ejemplo realista del sobrecosto
La campeona vigente, Argentina, tendría un costo total de casi 70.000 dólares para quienes quieran ver todos sus partidos, incluyendo una final en Nueva York. Solo las entradas rondan los 35.000 dólares por pareja, con la final costando más de 15.000 dólares.
¿Qué significa esto para el aficionado promedio?
Más allá del fútbol, estos costos confirman que el Mundial 2026 deja afuera a la mayoría de los verdaderos fans. El gasto es tan elevado que hablar de «accesibilidad» es una ilusión. Alquileres, vuelos inflados y entradas prohibidas para el público común están asegurando un evento para elites y grupos privilegiados.
¿Y la movilidad dentro de las ciudades?
Los organizadores prometen transporte, pero los precios demuestran otra realidad. En Nueva York, el tren al estadio costará hasta 98 dólares por trayecto, casi ocho veces más que tarifas habituales. Boston encarece los billetes un 300% y solo Miami ofrecerá un transporte gratuito limitado.
El gran punto ciego: la exclusión masiva
El Mundial 2026 es presentado como una fiesta global. Sin embargo, el costo total y el acceso limitado muestran que esta «fiesta» será solo para quienes puedan pagar una fortuna. Mientras miles de aficionados quedan fuera, los verdaderos organizadores de esta agenda política permiten que el torneo se convierta en otro evento de elites, no un orgullo nacional ni popular.
¿Quién controla estos precios y qué impacto real tendrá en la afición y la cultura deportiva? Eso, nadie parece querer contarlo.