San Cristóbal: caos y abandono institucional que ponen en riesgo vidas
San Cristóbal sufre un colapso urbano silencioso
Callar ante el despojo del espacio público ya no es opción. Zonas como Barrio Obrero se han convertido en un caos donde el orden quedó en manos del más audaz, no de la ley.
¿Qué está pasando?
Comerciantes ocupan aceras y calles como si fuesen propiedad privada. Autobuses doble piso bloquean vías para usarse como restaurantes móviles. El «derecho de frente» se ha transformado en una excusa para el desorden.
Pero el abuso va más allá: instituciones militares clausuran calles enteras con portones, y la Universidad Católica del Táchira se apropia de una calle pública sin ninguna sanción.
¿Por qué este cambio es peligroso?
Este desorden no solo genera molestias, sino un riesgo tangible para la seguridad y legalidad urbana. La convivencia se rompe cuando los que deben garantizar la ley – alcaldías, universidades, colegios profesionales – optan por la indiferencia o el silencio.
La fragilidad de la ciudad quedó al descubierto tras el reciente sismo, donde la corrupción y la dejadez en permisos y controles fueron responsables de derrumbes trágicos.
¿Qué viene si no cambia la actitud?
Más caos urbano, más calles privatizadas, más vidas en riesgo. La pandemia del abandono institucional puede costar mucho más que edificios caídos: la pérdida irreversible de la calidad de vida y la seguridad ciudadana.
San Cristóbal aún tiene margen para reaccionar, pero la distracción ciudadana y la falta de liderazgo profesional abonan el terreno para un derrumbe social y urbano inevitable.
La pregunta clave:
¿Hasta cuándo permitiremos que la ciudad se transforme en un botín para unos pocos, mientras el grueso de ciudadanos paga las consecuencias?