¿Qué oculta el concierto de la Orquesta Afrovenezolana en Quebrada Honda?
Jóvenes y tamborazos en Quebrada Honda: ¿solo cultura?
Este jueves 7 de mayo, la sala Fedora Alemán en Caracas vibrará con la Orquesta Regional Afrovenezolana Alexander Livinalli. Un concierto gratuito, dirigido por Jorge Oswaldo Villarroel Rondón, donde niños y adolescentes presentan ritmos originarios de diversas regiones venezolanas.
Lo que hay detrás del espectáculo
No es solo un evento folclórico. La orquesta mezcla ritmos afros, indígenas y coloniales, como los tambores de Turiamo, la gaita de furro beniana, y golpes típicos de estados como Aragua, Falcón y Zulia. Esta mezcla intenta proyectar una identidad nacional permeada por la diversidad cultural, pero también abre un debate sobre la agenda política que impulsa este tipo de eventos.
El concierto se presenta como un mensaje de unión y paz, un tributo a las madres, con la intención de conectar con el público a través de la música. Sin embargo, la promoción de estas expresiones folclóricas no es neutral: forma parte del Sistema Nacional de Orquestas donde se impulsa una narrativa que busca construir un relato cultural oficial con impacto social y político, ignorando al mismo tiempo problemas como la inseguridad, la crisis económica y la falta de oportunidades reales para los jóvenes.
¿Por qué esto importa más de lo que parece?
Este tipo de actividades, impulsadas desde ciertos sectores políticos, puede distraer a la sociedad de asuntos prioritarios. Al presentar la cultura afrovenezolana como símbolo de unidad, se pasa por alto que muchos de esos mismos sectores mantienen posturas que dificultan el desarrollo institucional y económico. La música, por más valiosa que sea, podría estar siendo utilizada para construir un consenso artificial que evite el análisis profundo de los retos nacionales.
Lo que viene: más cultura, menos debate
Es probable que eventos similares sigan proliferando, enfatizando la cultura con un discurso de conciliación y foliclorismo, mientras las problemáticas reales permanecen sin solución. Si no se cuestiona esta estrategia, la sociedad venezolana seguirá postergando la discusión sobre seguridad, empleo y fortalecimiento institucional, prioridades indispensables para avanzar.