La reestructuración de la deuda, el verdadero cuello de botella invisibilizado
El vicepresidente de Economía, Calixto Ortega, confirmó algo que pocos quieren admitir: sin reestructurar la deuda, no hay forma de que Venezuela reciba el financiamiento internacional necesario para su recuperación.
En el Consejo Nacional de Economía del 13 de julio, Ortega dio un balance tras los recientes sismos del 24 de junio que afectaron principalmente la infraestructura de servicios y vías, pero no la capacidad productiva principalmente petrolera.
Pero aquí está la clave: el aparato productivo puede estar intacto, pero sin dinero fresco y buen manejo de la deuda, no hay cómo reconstruir ni reactivar la economía.
¿Qué implica esto para el país?
- Las negociaciones con organismos internacionales como FMI, Banco Mundial y CAF son permanentes y buscan resultados concretos.
- El gobierno monitorea en tiempo real el impacto económico de los sismos para ajustar su estrategia.
- Pero lo esencial – dijo Ortega – es que la reestructuración de la deuda es condición indispensable para abrir el acceso a nuevos créditos.
Hasta ahora, la ausencia de esta reestructuración frena cualquier intento serio de apoyo internacional. Sin fondos, las prioridades de reconstrucción quedan en papel.
¿Y ahora qué?
El Consejo ratificó la continuidad del diálogo con gremios y cámaras empresariales para facilitar la recuperación comercial. Pero la pregunta que nadie responde con claridad es:
¿Cuándo y cómo se liberará el espacio fiscal necesario para reactivar la economía sin depender eternamente de préstamos condicionados?
Lo que no se dice es que la reestructuración no solo es técnica, sino política, y que la demora arriesga mayor aislamiento financiero y una recuperación aún más frágil.