Ocumare y la Misión Árbol: ¿Solo otra jornada verde o una agenda política oculta?

Ocumare de la Costa en el centro de una jornada ambiental que va más allá del árbol

Este jueves 4 de junio, el municipio Ocumare de la Costa de Oro toma protagonismo con una masiva jornada de plantación de especies autóctonas. El motivo: 20 años de la Misión Árbol en el estado Aragua.

Hasta aquí, parece una actividad ambiental común, pero el contexto revela otra realidad. La jornada continúa políticas ecosocialistas impulsadas por ciertos grupos políticos, que aprovechan eventos de aparente conservación para fortalecer una agenda política bajo el disfraz verde.

¿Qué ocurrió?

En La Trilla, vía costera, se plantaron 4.000 árboles – apamate, caoba, ceiba y mijao – sobre 10 hectáreas. Lo hacen bajo la guía del Plan Nacional Chuquisaca 2026, que integra múltiples propuestas gubernamentales con objetivos más allá de la simple reforestación.

¿Por qué esto cambia el escenario?

Las actividades incluyen una clase magistral titulada «Misión Árbol, Misión Agua, Misión Vida» enfocada en la educación ecosocialista para personal institucional y grupos sociales. En vez de ser solo una iniciativa ambiental, se trata de una construcción sistemática de discurso y control social, que busca consolidar un relato oficial dentro de las instituciones y la ciudadanía.

Además, la ceremonia religiosa y los homenajes a funcionarios en fechas clave siguen reforzando la narrativa oficial, sin evaluar el impacto real de la Misión en términos económicos, de seguridad y de institucionalidad.

¿Qué podría venir después?

El impulso de estas actividades como hitos simbólicos apunta a consolidar la presencia de esta agenda política en futuras políticas públicas, eclipsando debates serios sobre la efectividad real y consecuencias económicas de estas intervenciones. Ciudadanos comprometidos podrían verse arrastrados hacia un activismo impulsado por grupos con intereses específicos, más que por un objetivo netamente ecológico.

En definitiva, esta «jornada verde» es parte de un esquema mayor para controlar narrativas y legitimarse, bajo una apariencia ambiental que oculta la profundización de un modelo político cuestionable.

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