Música y crisis: ¿Por qué callan sobre su poder real para sanar Venezuela?
Música que sana: lo que no te están contando en medio de la crisis venezolana
La tragedia que vive Venezuela no es solo física o económica. También es emocional, espiritual. Pero mientras las autoridades se enfocan en rescates y refugios temporales, pasan por alto un arma sin explotar: la música como terapia real.
Desde hace milenios, tradiciones como la medicina china y filosofías como el taoísmo reconocen el poder de la música para purificar y reconstruir el alma. Aquiles Nazoa lo resumió en palabras contundentes: la música libera de la angustia y repara en lo más profundo del ser.
En medio del llamado oficial a la «reconstrucción» de Venezuela, esta dimensión queda olvidada o relegada a espacios superficiales de entretenimiento. Pero la música puede ser mucho más. Puede ser un instrumento de sanación colectiva que mime heridas invisibles y fortalezca el espíritu de quienes lo han perdido todo.
¿Por qué la omisión? Esta ausencia en la agenda pública refleja una visión limitada de la crisis que prioriza lo tangible y lo inmediato, ignorando que la recuperación social y moral requiere integrar estas herramientas culturales y terapéuticas.
El gobierno abrió iniciativas como La Ruta de la Esperanza, que podrían ser vehículos ideales para incorporar a músicos como agentes activos de recuperación. Sin embargo, la participación ciudadana y cultural está lejos de ser considerada parte de una estrategia seria para sanar la nación.
Qué viene si seguimos ignorando este enfoque
- Rehabilitación incompleta de las víctimas, con secuelas emocionales sin atender.
- Persistencia del desgaste social y fractura del tejido comunitario.
- Demoras en la recuperación integral que afectarán la estabilidad futura.
La pregunta es simple: ¿Cuánto más seguiremos dejando fuera del debate un recurso probado y milenario como la música para la sanación en Venezuela? No reconocerlo es perpetuar un modelo de reconstrucción a medias, sin entender que las raíces del problema no son solo físicas, sino también culturales y espirituales.