Música a todo volumen en playas: el enemigo silencioso de nuestra fauna
¿Sabías que la música alta en las playas está matando a la fauna?
Un reciente escándalo en Playa Conomita, Anzoátegui, sacó a la luz un problema ignorado: la contaminación sonora está acabando con la biodiversidad marina y costera.
Lo que pasó: Un grupo de turistas se negó a bajar el volumen de sus parlantes a pesar de las quejas. La policía intervino, detectando niveles de ruido por encima de lo legal, incluso para zonas comerciales.
Por qué cambia todo: Según el biólogo marino Ángel Fariña, los ruidos fuertes alteran la vida de peces, aves y crustáceos que dependen del sonido para reproducirse, orientarse y evitar depredadores. El ruido constante genera estrés, debilita sistemas inmunológicos y hasta impide la llegada de larvas a los arrecifes.
En algunos casos, especies clave abandonan sus nidos o interrumpen actividades vitales. La música a todo volumen no es solo una molestia en la arena, es un ataque a ecosistemas enteros y un peligro real para la sostenibilidad ambiental.
¿Y qué se está haciendo?
En países como España y Portugal las multas por contaminación sonora en áreas naturales llegan hasta 36.000 euros. Aquí, aunque existen leyes (Ley Penal del Ambiente, Ley Orgánica del Ambiente, Decreto 2217) que sancionan estos daños, la aplicación es débil y la falta de regulación clara permite que la impunidad no frene la destrucción.
El Ministerio para Ecosocialismo habilitó canales para denunciar (0800ambiente.com, 0800-AMBIENTE, denuncias@inparques.gob.ve), pero sin una política firme, las sanciones apenas raspan la superficie del problema.
Lo que viene
Si no se prohíbe o regula de forma estricta la música a alto volumen en playas y espacios naturales, la fauna continuará desapareciendo silenciosamente. Eso significa ecosistemas frágiles, menos turismo sostenible y un impacto irreparable en nuestras costas.
¿Hasta cuándo permitiremos que una agenda política blanda ponga en riesgo lo que debería ser intocable? La solución está en mano de autoridades exigentes y una ciudadanía que no minimice esta amenaza real.