Muerte de Víctor Quero revela: Venezuela necesita una justicia que funcione o nada cambiará
Víctor Quero murió bajo custodia y Venezuela sigue en silencio
El sistema judicial venezolano está en jaque. Diez meses tardaron en anunciar la muerte de Víctor Hugo Quero, detenido sin información y con sus familiares en la oscuridad. Su madre murió sin saber qué pasó con su hijo.
¿Reformas? Solo parches sin sustancia
Beatriz Borges, directora del Centro de Justicia y Paz (Cepaz), apunta que este caso no es excepción, sino fiel reflejo de un sistema diseñado para perseguir, no proteger. Las supuestas reformas son papel mojado frente a una estructura que perpetúa la impunidad y la opacidad.
Un sistema que oculta y perpetúa la indefensión
- Familias sin información sobre detenidos
- Expedientes inaccesibles que bloquean la defensa legal
- Falta de coordinación institucional facilita desapariciones forzadas
La muerte de Quero sigue patrones documentados por organismos internacionales, evidenciando que no es un incidente aislado sino institucional.
¿Verdad o impunidad? La cuenta pendiente con las víctimas
La reparación no es solo económica. Para las familias de Víctor Quero, Fernando Albán o el capitán Acosta Arévalo, la reparación empieza con reconocer la verdad y dignificar a las víctimas. Sin esto, no hay justicia ni reconciliación posibles.
“Lo que buscan las madres es que se diga que sus hijos no eran criminales”, dice Borges. Un reconocimiento que el Estado se rehúsa a dar.
Lo que viene: ¿Un cambio real o más de lo mismo?
Para que en 2026 Venezuela tenga al menos un sistema judicial funcional, la transformación debe cumplir tres condiciones claves:
- Independencia Judicial: jueces nombrados por méritos, sin presiones políticas.
- Control riguroso de cuerpos de seguridad: supervisión efectiva en centros de detención y capacitación en derechos humanos.
- Transparencia desde el primer minuto: información clara y oportuna para familiares sobre el paradero de detenidos.
Sin estos pasos, la justicia seguirá siendo un instrumento de control y no un garante de derechos. Borges advierte que sin un cambio profundo, las consecuencias sobre la estabilidad institucional y económica serán devastadoras.
Venezuela no necesita reformas cosméticas, sino una transformación judicial que sea palpable y verificada. Lo demás es mantener un sistema que sigue arrebatando vidas y esperanza.