¿Militares de primera? Solo con políticos de primera en el poder civil

¿Qué pasa con la FAN postrevolucionaria?

El debate sobre el papel de la Fuerza Armada Nacional en la etapa posrevolucionaria está lleno de confusiones y discursos que no terminan de enfrentar la realidad. Muchos opinan sin conocer el terreno, sin pisar un cuartel ni entender la historia militar venezolana.

Hay propuestas formales, hablan de militares al estilo West Point, sujeción absoluta al poder civil y civiles en cargos clave dentro de Defensa. Eso está bien y es imprescindible. Pero, ¿cómo cambiar una institución con raíces profundamente militaristas, anclada en una cultura que todavía desprecia a los «civiles»?

La verdad incómoda

El militarismo en Venezuela no solo está en los cuarteles, está en el imaginario colectivo, en la resistencia a la democracia y la supremacía del hombre providencial. La idea de que la sociedad es el ejército en reposo sigue vigente, como describió Laureano Vallenilla Lanz hace dos siglos.

La educación y la cultura democrática no han penetrado lo suficiente. Muchos siguen viendo al ejército como un poder autónomo por encima de las leyes, y al político elegido como un estorbo. La receta no es sencilla ni inmediata.

La ecuación que nadie quiere discutir

  • Políticos de primera + militares de quinta = Golpe seguro
  • Políticos de quinta + militares de primera = Conspiración
  • Políticos de primera + militares de primera = Democracia real

Queramos o no, la Fuerza Armada del futuro solo será constitucionalista y sujeta realmente al poder civil si el poder civil está en manos de políticos capacitados, éticos y con visión de país.

¿Cómo se logra eso?

Fácil de decir, difícil de ejecutar. La presidencia debe ser ocupada por un líder con:

  • Visión clara y liderazgo efectivo
  • Integridad intachable y transparencia
  • Experiencia y conocimiento profundos en gestión pública
  • Comunicación efectiva con sociedad y mundo
  • Capacidad para decisiones difíciles y estratégicas
  • Relaciones internacionales sólidas
  • Gestión eficiente de crisis
  • Respeto irrestricto a las instituciones
  • Transparencia y rendición de cuentas permanentes
  • Escucha real hacia todos los sectores

Este es el decálogo indispensable para que el Comandante en Jefe constitucional —el presidente— sea la referencia democrática que necesita la FAN.

Sin políticos de primera, no habrá militares de primera

El mandato es claro: si queremos una Fuerza Armada que respete la Constitución y se someta al poder civil, tenemos que exigir desde ya políticos de primera en todos los niveles del Estado. De lo contrario, la historia seguirá repitiéndose, y Venezuela seguirá a merced de golpes, caudillismos y rupturas institucionales.

La postrevolución no empezará con reformas militares aisladas, sino con una nueva generación política capaz de liderar desde el poder civil y consolidar una verdadera democracia.

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