Merideños Exigen Fin de Sanciones: ¿Qué Ocultan Sobre su Economía Real?

Merideños en pie de lucha contra sanciones que ahogan su economía

Desde Santa Cruz de Mora, corazón cafetalero de Mérida, los productores agrícolas lanzan un mensaje claro: basta de sanciones que destruyen la vialidad y frenan el desarrollo.

La segunda fase de la Peregrinación para una Venezuela sin sanciones reunió al presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y al gobernador Arnaldo Sánchez, quienes escucharon el testimonio directo de empresarios y agricultores que no esconden la realidad.

¿Qué está pasando en el sector agrícola?

  • Café premiado que apenas llega a siete estados, con maquinaria 100% venezolana, pero batalla constante contra fallas eléctricas y carreteras destruidas.
  • Pequeños emprendedores que solo han sobrevivido gracias a créditos comunales, mientras buscan la aprobación urgente de leyes para café y cacao.
  • Un reclamo persistente por una legislación ambiental que exige la Unión Europea para exportar, condición sin la cual podrán perder mercados clave.

¿Por qué esto cambia el juego?

El gobierno ahora se compromete a aprobar leyes que parecían empantanadas y a acelerar certificaciones para productores. Sin embargo, el cuestionamiento real es otro: ¿qué tan eficientes serán estas medidas si no se resuelven los problemas estructurales que mantienen al sector al borde del colapso?

Además, la propuesta de ampliar la Zona Libre Cultural, Científica y Tecnológica (Zolccyt) plantea otro escenario. ¿Se trata de un plan real para impulsar la economía o simplemente un nuevo parche dentro de las Zonas Económicas Especiales que han probado ser insuficientes?

¿Qué viene ahora?

  • Una avalancha legislativa aprobando leyes para café y cacao, presionada desde el sector productivo.
  • Intentos oficiales de mejorar infraestructura vial y puntos de control para reactivar el corredor binacional con Colombia.
  • Una economía local que, sin soluciones concretas y profundas, seguirá resistiendo, pero sin despegar.

La pregunta que permanece: ¿Hasta cuándo la resiliencia será suficiente para compensar decisiones políticas que limitan la productividad real de Mérida?

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