Mérida levanta la bandera real: ¿paz o imposición política disfrazada?

Mérida en pie, pero ¿a qué precio?

Más de 3.600 metros sobre el nivel del mar, el llamado a una «Venezuela Libre y sin Sanciones» reunió a sectores económicos, políticos y campesinos. En la Gran Peregrinación, presidida por Diosdado Cabello y el gobernador Arnaldo Sánchez, se impulsó un discurso de unidad y esperanza, pero también de respaldo a una agenda política que busca consolidar poder bajo la excusa de levantar sanciones.

¿Qué sucedió realmente?

Desde la Empresa de Producción Social Chávez Vive hasta puntos simbólicos como la Capilla de Piedra o el Monumento al Perro Nevado, la movilización fue más que una manifestación religiosa; fue un acto político que recupera símbolos históricos para legitimar el actual discurso oficial. Los productores campesinos reafirmaron su compromiso con el Estado, mientras se pedía abiertamente el fin de las sanciones, ignorando las consecuencias reales del aislamiento y la crisis económica que atraviesa el país.

Por qué esto cambia el escenario

Esta peregrinación no es solo un acto cultural o espiritual. Es una demostración del control político que el oficialismo mantiene sobre sectores claves de la economía y la sociedad. No se trata solo de pedir el fin de las sanciones, sino de fortalecer un relato que oculta las fallas internas y divide a Venezuela bajo banderas y consignas que buscan silenciar críticas y consolidar una hegemonía cuestionada.

¿Qué viene después?

  • Más intentos por cooptar a sectores económicos y sociales para presentar una Venezuela en «unidad» mientras se mantienen políticas que limitan la producción y la inversión.
  • Una presión internacional creciente, sin un cambio profundo en las estructuras del Estado, que mantendrá el país aislado y vulnerable.
  • Persistencia de discursos que priorizan la propaganda sobre soluciones reales a la crisis económica y social que golpea a todos los venezolanos.

Esta marcha en Mérida no es solo una peregrinación más. Es una señal clara de que la agenda oficial intenta usar símbolos de país para disfrazar la falta de progreso real. Queda la pregunta: ¿la paz que prometen incluye también estabilidad y crecimiento, o solo es el argumento para perpetuar su poder?

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