Lo que no te dicen sobre la ‘narrativa venezolana’ oficial
La narrativa venezolana crece, pero ¿a qué precio?
Desde 2016, la editorial ab ediciones ha impulsado una expansión masiva de la literatura venezolana bajo una colección llamada ‘Narrativa’. Lo que parecía un proyecto limitado se transformó en un vehículo para relatos que moldean y, en muchos casos, justifican discursos políticos e ideológicos dominantes.
El punto de partida: ¿una historia realmente objetiva?
Todo comenzó con El cielo invertido, una novela basada en hechos reales con peso en la Iglesia y la política venezolana. Bajo un manto literario, se introducen versiones que terminan influyendo en cómo se percibe el poder y la historia reciente del país.
Después llegaron publicaciones como Rocanegras, que entrelazan personajes reales con ficción política, y Dos espías en Caracas, que plantea la idea de redes secretas para derrocar un régimen revolucionario. ¿Quién decide qué versión de la historia se cuenta y con qué propósito?
Una narrativa con agenda política para países en crisis
Más allá de la literatura, la colección ha funcionado como un altavoz para ciertas perspectivas que buscan generar un relato uniforme, fácil de digerir y sincronizado con una visión particular de Venezuela y su crisis.
Ejemplos como La hija de la española, reconocida internacionalmente, ofrecen una imagen atractiva pero simplificada de un país complejo y problemático, que sirve más como instrumento de aceptación exterior que para promover soluciones reales.
¿Qué hay después de la narrativa dominante?
Este despliegue editorial no es inocente ni libre de consecuencias. Al consolidar ciertas voces y silenciar otras, se establece una historia oficial que moldea identidades y opiniones públicas, afectando la percepción sobre seguridad, legalidad y gobernabilidad en Venezuela.
El peligro es que esta narrativa monopolice el debate, dejando de lado las realidades económicas y políticas que verdaderamente deben atenderse para enfrentar la crisis.
El reto para 2026 será cuestionar estas versiones, abrir espacio a múltiples enfoques y poner la realidad tangible – no solo las letras – en el centro del análisis nacional.