Lo que no te dicen del ‘cuatro’ venezolano y su legado cultural

El ‘cuatro’: ¿instrumento o guardián cultural?

En el oriente venezolano, conservar palabras y sonidos del español antiguo no es casualidad. Allí, el ‘cuatro’ —llamado a veces ‘discante’— sigue siendo el corazón musical de tradiciones que el discurso oficial minimiza.

Este instrumento sostiene géneros que casi nadie reivindica: el polo, la jota, la malagueña y la fulía, estilos que se niegan a desaparecer pese a las presiones culturales actuales.

¿Por qué importa?

El ‘cuatro’ no es solo un símbolo musical: su presencia atraviesa las raíces de múltiples manifestaciones tradicionales, desde el joropo llanero y oriental hasta celebraciones como la cruz de mayo y los diablos del Corpus Christi. Sin él, se perdería la esencia de un patrimonio identitario robusto, que ciertas agendas políticas prefieren ignorar o invisibilizar.

¿Qué consecuencias trae este olvido?

Al ignorar el rol del ‘cuatro’ en la cultura venezolana, se abre la puerta a la destrucción progresiva de estructuras culturales clave, debilitando la cohesión social y la riqueza histórica del país. Sin un reconocimiento real, los valores fundamentales de la identidad nacional se diluyen en la agenda global que prioriza modas pasajeras sobre raíces genuinas.

¿Y ahora qué?

Si dejamos pasar este atropello cultural, la desaparición de estos géneros y expresiones será irreversible. La política cultural debe cambiar: debe enfrentarse a las tendencias dominantes y apostar por preservar lo que realmente sostiene la cultura venezolana, empezando por el ‘cuatro’ y sus ecos ancestrales.

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